lunes, 31 de diciembre de 2012
¡Gracias! II
Si el año anterior lo hice, no veo porqué este no. Máxime de todo lo que se me quedó ceñido con cada uno de ustedes. Este también va a ser un post largo.
-Gracias por demostrarme ¡una vez más! que no todo está perdido, aun cuando ya todo está perdido. Conocerte es la prueba de al final, la vida es grata.
-Gracias a ti por regalarme uno de los momentos más emotivos en muchísimo tiempo. Por ponerle la piel de gallina a la inmortal Banda Funky cuando firmabas tu acta matrimonial, pero en especial por la carta que me hiciste llegar desgraciado, me conmovió hasta las lágrimas. Cada uno de esos kilómetros recorridos valieron la pena para llegar a uno de los días más importantes de tu vida. Un favor nada más: sin llorar, mano.
-Gracias por todas tus atenciones, arrancar el año a tu lado fue toda una experiencia, este cumpleaños tuvo un ingrediente muy especial a tu lado, gracias porque a pesar que te salía lo detective, pasamos momentos muy pero muy gratos. Checa tu bandeja de correo.
-Aunque en el momento no me pareció nada gracioso, gracias por tomarte la molestia de romperme chicharrones en la frente mientras me bajaba la briaga, gracias por el chaleco y las garañonas, manito. Aunque cero gracias por saludarme en el cine en el momento menos indicado, ¡imbécil!
-Gracias, por otro año cargado de metal, mi queridísimo Costal de Naranjitas, y por dejarme cantar El Pollito Destrozadito con tu banda de músicos de pocamonta. Carnales para siempre.
-A ti, gracias por la inigualable experiencia que vivimos en Roger Waters, por las no pocas pedotas que nos paramos este año y por dejarme educarte yendo a ver a Megadeth. Nunca, pero nunca olvides lo que se le viene denominando como El Objetivo.
-Muchisisisísimas gracias por repetir un año más como mi mejor amiga, aunque te pongas ligeramente malacopa en los restaurantes con canales a un costado. Te agradezco ayudarme a conseguir la chingadera esa que ya no sirvió para que dejara de ser Basura García. Ojalá que cada que veas la Catrina de barro, te acuerdes de cuánta buena onda te tengo. Y gracias por casi dejarme moquear tu hombro, escuchando cada uno de mis malviajes.
-Gracias, Caifán, por las netas en la playa y porque este año no te perdiste en Cancún. Nunca pases por alto lo un chingo que admiro tu forma de ver la vida.
-Gracias, mano… ¿qué digo "mano"? ¡HERMANO! por acordarte que los que más te queremos jamás nos iremos, aunque nos cambies por una vieja que de todos modos te iba a abandonar. No importa que me trances vendiéndome camionetas y ojalá sigamos tragando como enanos de El Hobbit. JA.
-A ti también, por supuesto, ya que sonrío cada que me acuerdo el atasque de arrachera, queso y vino que nos paramos en Ixtapan de la Sal. En todos estos años sin vernos, no perdiste la buenaonda. Más asados y más rapel, porfavor.
-A ti, mi foreveralone favorita, me quedo con esa tarde vallesana bebiendo cerveza, risa tras risa. Que todo te sepa a canción de Lila Downs y que puedas darte más ratos para rockear cual quinceañera.
-Gracias por hacer el trayecto hasta mi fiesta de cumpleaños, por las invitaciones que no pude responder y por la tarde de gula en la Ebró, escuchando boleros.
-Colega, carnal, gracias por las largas charlas sobre periodismo que sostuvimos cuando te visité en Morelia, por dejar que Fata no me comiera y por ubicarme respecto a que tengo una chamba privilegiada. Vámonos a Tlalpujahua.
-gr
al
ndu
jueves, 29 de noviembre de 2012
Fecha de Caducidad
¿Cuánta vigencia tienen las personas por las que hemos profesado algún afecto?, ¿en qué momento dejan de importar de a devis?
No
sé qué azares se han conjugado para que en estos días me haya
encontrado a personas que hace muchos ayeres, incluso décadas, figuraron
en mi terna de importancia.
De
todas tengo buenos recuerdos. Sí, hasta de las que momentáneamente me
hicieron infeliz. Pero no deja de quedárseme ceñida una sanguijuela
cuando pienso en qué momento fue que esos caminos se partieron en líneas
que no volvieron y seguramente no volverán a cruzarse más allá de un
saludo, una sonrisa y cinco minutos de plática basura.
Peor
aun. ¿Cuántas veces habremos dicho “nunca te olvidaré” y al cabo de
unos años no sepamos reconocer a alguien al doblar una esquina? Como si
no fuera suficiente sorpresa saber todo lo que han construido después de
que uno fue su presente, gracias al chisme de un tercero que vino a darnos un poco de su actualidad
"Y así, años y años, hasta que, finalmente,
te morirás un día, como toda la gente.
Y voces que aun no existen sollozaran tu nombre,
y cerraran tus ojos los hijos de otro hombre".
José Ángel Buesa
A continuación una elegía por aquellas personas a quienes creí querer y
por estúpido dejé de frecuentar. Y estúpidas aquellas que se
desaparecieron de mi vida sin previo aviso, cuando a pesar de las
diferencias no había razón.
Ahora que también pienso que ni la costumbre de tener a alguien a tiro
de piedra, deja de alejarlas por el simple hecho de que el viaje de cada
uno es diferente.
Una bienvenida anticipada para esas otras que tarde o temprano han de venir… aunque sea para irse.
lunes, 17 de septiembre de 2012
miércoles, 18 de julio de 2012
Avenida Miguel Hidalgo
"La imagen que tenemos de la ciudad siempre es algo anacrónica. El café ha degenerado en bar; el zaguán que nos dejaba entrever los patios y la parra es ahora un borroso corredor con un ascensor en el fondo. Así, yo creí durante años que a determinada altura de Talcahuano me esperaba la Librería Buenos Aires; una mañana comprobé que la había reemplazado una casa de antigüedades y me dijeron que Don Santiago Fischbein, el dueño, había fallecido"
Jorge Luis Borges. El Indigno
Jorge Luis Borges. El Indigno
Los primeros minutos de este domingo vinieron precedidos de una larga caminata durante los últimos de ayer.
Una misteriosa conexión entre Avenida Miguel Hidalgo y un cuento de Jorge Luis Borges me dejaron pensando en anacronismos. Sólo entonces me di cuenta cuánto significa una vialidad como esta en mi vida, en todas las Librerías Buenos Aires que cruzo a diario, aquí y allá, viviendo todos y cada uno de esos cambios en los que uno no repara hasta mucho tiempo después, cuando algún recuerdo le alerta sobre las metamorfosis de las calles.
No importa cómo aparecí aquí. Mi sendero arranca en la Puerta Tolotzin. Mientras pasa a mi izquierda, se levanta una proyección humeante -el recuerdo- de cuando las máquinas derrumbaban las jirafas.
"Otro pedazo de ciudad que se fue", musito y hago una mueca al ver esas torres odiosas cambiar de color. Pasos delante. Las estatuas del Monumento a la Bandera en que solía hacer bromas con aquel amor, siguen estoicas, a duras penas. De reojo el Panteón General con sus lápidas centenarias, al menos un par de personas que conocí en vida tienen su nombre escrito en ellas. A la derecha no hay más viejas prostitutas a las afueras del Leopardo´s Le Club que me escandalizaban de niño, pero sí esas palmeras sobre el camellón, espejos de agua tras la lluvia vespertina. Y calma.
Pasos delante. En la esquina con Juan Beltrán, apenas giro la cabeza, viendo las ventanas del primer apartamento que renté y en el cual viví solo por vez primera. Aquí empieza la magia. Como en una proyección fílmica, estoy en su interior, feliz, pese a que todas mis posesiones son una mesa de plástico con dos sillas, mi cama y un librero. Qué duros fueron los primeros meses que no me alcanzaba ni para pagar el gas. La voz del tren, a lo lejos, me hace tararear "La Colpa Del Whisky" De Vasco Rossi.
Pasos delante. Mi efigie adolescente está saliendo toda mareada del antro La Doña y justo enfrente, también come tortas junto mi tío Juan en la Cafetería Caleta., su favorita. Detrás de mi proyección, estos lugares han degenerado en oficinas y una agencia de motocicletas.
Dejo atrás Isidro Fabela y lanzo una blasfemia en Isabel La Católica. Leona Vicario habría de llevarme a las oficinas del primer periódico para el que trabajé, pero esa es otra historia, lejos de esta calle. Los Funerales López no se han convertido en un Burger King, menos mal. Mi holograma, vestido de negro, se despide de personas importantes en este lugar en el que esta noche no hay prendida sino una luz muy al interior. No termino de llegar a Josefa Ortíz de Domínguez y veo mi figura casi transparente, tambaleando a la salida de El Chapeado, luego de empinarme una de Bacardí y el tradicional chamorro de los viernes junto a mis caifanes. Al cruce con Alexander Von Humboldt miro de reojo a los transexuales acercándose a una interminable fila de autos. Parece que sigo abordo del Topaz 1990 con mis preparatorianos amigos, dando vueltas para debatir si de veras son hombres quienes ofrecen su cuerpo, entre cuchicheos y risillas nerviosas.
Pasos delante. En la esquina con Pino Suárez, a unos pasitos de la Primaria Lázaro Cárdenas, casi vuelvo a ver la sombra del Barrabás vendiendo periódicos en su puesto, presto para la batalla del fin de semana en los tambores, con La Perra Brava en la tribuna de Sol de La Bombonera. Pero guiño y ese puesto de periódicos no está más. La fachada detrás de él tampoco existe ya, pues fue cambiada por un letrero de Se Renta Este Lote. Cruzo Sor Juana. El viejo edificio de la cervecería ha degenerado en el Museo Modelo de Ciencias e Industria. Me veo corriendo en espíritu sobre la esquina con Rayón, con un paquete de papel de medida 20 kilos y unas invitaciones de Primera Comunión bajo el brazo, apurando a llegar a la imprenta en la que trabajo con mi tío, con dirección al Barrio de Santa Bárbara. Tarareo "El Gran Varón" de la Orquesta Guayacán, evocando al Chato y Don Pepe, los chalanes de mi tío.
Apuro el paso y compruebo que el Trío Jardín sigue inamovible esperando dar una serenata, recargados en las cortinas metálicas. Mi recuerdo y sus rostros encajan perfectamente. Frente a ellos, el Hotel Colonial, que me hospeda cuando por única vez, he sido turista en mi propia ciudad. El yo de finales de los noventas asoma por el balcón y saluda.
Pasos delante: el mítico Portal Madero. Algún mensaje me querrá dar el Mariachi Calimaya mientras interpreta "Un Puño de Tierra". Al reojo, mi espíritu mil usos está entrando a chambear en el Departamento de Becas de la Secretaría de Educación, a unos metros, sobre Ignacio Allende.
Tal y como Don Santiago Fischbein, la silueta del hombre bigotón que saluda ceremoniosamente a mi papá, sigue esperándome imaginariamente a la entrada de la Zapatería Albano, con unos mocasines envueltos. Al reojo también, del estacionamiento As que se ubica sobre Mariano Matamoros, vuelve a erigirse en mi frente el Cine Rex en que mamá nos lleva a ver la última película de La India María. Ni el recuerdo queda de ese edificio fantástico.
La Concha Acústica no me dice mucho, salvo las veces que me quedo hipnotizado, los jueves por la tarde, viendo a los viejos bailar danzones, aunque ahora sólo haya basura arrastrada por el viento y un par de almas cruzándola lentamente. ¿Qué será de este lugar cuando el cabello gris me cobije?, quizás hasta aprenda a bailar danzones. Mix Up sí transmite. Aquí, cuando en este viaje en el tiempo es Discolandia, intento conseguir el estreno "Fear Of The Dark" de Iron Maiden., regresando una y otra vez para verificar si les ha llegado el título que vi en una revista. Tarareo "Be Quick Or Be Dead", irónicamente.
Me duele llegar a Nicolás Bravo. Muchos degeneres en este sitio. La camisería donde mi papá solía comprar su ropa se convirtió en un puto Mc Donalds, los Helados Élite devinieron en una zapatería y para acabar de joderla, la sastrería de mi Tío Abuelo es parte de la que ahora es la Notaría Pública de Alberto Maya Schuster. Esa cortina metálica nunca volverá a abrirse para mostrar al Tío Rafa cortando un casimir, aunque en mi mente la proyección es nítida. A un ladito, junto a la entrada del despacho donde litigaba mi papá, hay un anuncio despintado de una cerrajería. Casi se me escurre algo de los ojos al ver mi efigie yendo y viniendo, agarrado de la mano de mi jefe mientras saluda a un montón de personas que encuentra a su paso.
Pasos delante. Detengo en José Vicente Villada. Me veo caminando con el cabello a media espalda, yendo a comprar discos usados a Miguelito y al Tigre. O saliendo de hacer mi servicio social en el Consejo Estatal de Población.
Alcanzo a ver Villada en casi toda su extensión, hasta la Iglesia del Ranchito. Me viene una ráfaga de imágenes, como metralla. Estoy saliendo de un toquín en El Sótano; de comer tacos en El Campeón; de coronar una victoria en Billares Versalles yendo hacia las tortas de La Alameda; de escuchar banditas de pocamonta en el Area Chica todos los jueves; de comprar dulces importados en El Dollar; de correr hacia la Glorieta del Águila para celebrar 23 años de amarguras pamboleras; de comprar el último número de la Metal Maniacs y un Ziggy para mi primer novia, en el Sanborns. Aquí caigo en cuenta que casi todas las calles de esta ciudad tienen una anécdota escondida. Que por fea que sea, esta es mi casa. Que no importa si me voy por mucho tiempo, siempre querré regresar aquí. Ahora entiendo el sentido de quien le puso el apodo de "La Bella", aun sin serlo.
"Poco queda de la ciudad donde crecí, pero en mí algo se ha quedado, inmóvil", pienso con melancólica vanidad. Pasos delante, silbando, me pierdo por ahí.
Una misteriosa conexión entre Avenida Miguel Hidalgo y un cuento de Jorge Luis Borges me dejaron pensando en anacronismos. Sólo entonces me di cuenta cuánto significa una vialidad como esta en mi vida, en todas las Librerías Buenos Aires que cruzo a diario, aquí y allá, viviendo todos y cada uno de esos cambios en los que uno no repara hasta mucho tiempo después, cuando algún recuerdo le alerta sobre las metamorfosis de las calles.
No importa cómo aparecí aquí. Mi sendero arranca en la Puerta Tolotzin. Mientras pasa a mi izquierda, se levanta una proyección humeante -el recuerdo- de cuando las máquinas derrumbaban las jirafas.
"Otro pedazo de ciudad que se fue", musito y hago una mueca al ver esas torres odiosas cambiar de color. Pasos delante. Las estatuas del Monumento a la Bandera en que solía hacer bromas con aquel amor, siguen estoicas, a duras penas. De reojo el Panteón General con sus lápidas centenarias, al menos un par de personas que conocí en vida tienen su nombre escrito en ellas. A la derecha no hay más viejas prostitutas a las afueras del Leopardo´s Le Club que me escandalizaban de niño, pero sí esas palmeras sobre el camellón, espejos de agua tras la lluvia vespertina. Y calma.
Pasos delante. En la esquina con Juan Beltrán, apenas giro la cabeza, viendo las ventanas del primer apartamento que renté y en el cual viví solo por vez primera. Aquí empieza la magia. Como en una proyección fílmica, estoy en su interior, feliz, pese a que todas mis posesiones son una mesa de plástico con dos sillas, mi cama y un librero. Qué duros fueron los primeros meses que no me alcanzaba ni para pagar el gas. La voz del tren, a lo lejos, me hace tararear "La Colpa Del Whisky" De Vasco Rossi.
Pasos delante. Mi efigie adolescente está saliendo toda mareada del antro La Doña y justo enfrente, también come tortas junto mi tío Juan en la Cafetería Caleta., su favorita. Detrás de mi proyección, estos lugares han degenerado en oficinas y una agencia de motocicletas.
Dejo atrás Isidro Fabela y lanzo una blasfemia en Isabel La Católica. Leona Vicario habría de llevarme a las oficinas del primer periódico para el que trabajé, pero esa es otra historia, lejos de esta calle. Los Funerales López no se han convertido en un Burger King, menos mal. Mi holograma, vestido de negro, se despide de personas importantes en este lugar en el que esta noche no hay prendida sino una luz muy al interior. No termino de llegar a Josefa Ortíz de Domínguez y veo mi figura casi transparente, tambaleando a la salida de El Chapeado, luego de empinarme una de Bacardí y el tradicional chamorro de los viernes junto a mis caifanes. Al cruce con Alexander Von Humboldt miro de reojo a los transexuales acercándose a una interminable fila de autos. Parece que sigo abordo del Topaz 1990 con mis preparatorianos amigos, dando vueltas para debatir si de veras son hombres quienes ofrecen su cuerpo, entre cuchicheos y risillas nerviosas.
Pasos delante. En la esquina con Pino Suárez, a unos pasitos de la Primaria Lázaro Cárdenas, casi vuelvo a ver la sombra del Barrabás vendiendo periódicos en su puesto, presto para la batalla del fin de semana en los tambores, con La Perra Brava en la tribuna de Sol de La Bombonera. Pero guiño y ese puesto de periódicos no está más. La fachada detrás de él tampoco existe ya, pues fue cambiada por un letrero de Se Renta Este Lote. Cruzo Sor Juana. El viejo edificio de la cervecería ha degenerado en el Museo Modelo de Ciencias e Industria. Me veo corriendo en espíritu sobre la esquina con Rayón, con un paquete de papel de medida 20 kilos y unas invitaciones de Primera Comunión bajo el brazo, apurando a llegar a la imprenta en la que trabajo con mi tío, con dirección al Barrio de Santa Bárbara. Tarareo "El Gran Varón" de la Orquesta Guayacán, evocando al Chato y Don Pepe, los chalanes de mi tío.
Apuro el paso y compruebo que el Trío Jardín sigue inamovible esperando dar una serenata, recargados en las cortinas metálicas. Mi recuerdo y sus rostros encajan perfectamente. Frente a ellos, el Hotel Colonial, que me hospeda cuando por única vez, he sido turista en mi propia ciudad. El yo de finales de los noventas asoma por el balcón y saluda.
Pasos delante: el mítico Portal Madero. Algún mensaje me querrá dar el Mariachi Calimaya mientras interpreta "Un Puño de Tierra". Al reojo, mi espíritu mil usos está entrando a chambear en el Departamento de Becas de la Secretaría de Educación, a unos metros, sobre Ignacio Allende.
Tal y como Don Santiago Fischbein, la silueta del hombre bigotón que saluda ceremoniosamente a mi papá, sigue esperándome imaginariamente a la entrada de la Zapatería Albano, con unos mocasines envueltos. Al reojo también, del estacionamiento As que se ubica sobre Mariano Matamoros, vuelve a erigirse en mi frente el Cine Rex en que mamá nos lleva a ver la última película de La India María. Ni el recuerdo queda de ese edificio fantástico.
La Concha Acústica no me dice mucho, salvo las veces que me quedo hipnotizado, los jueves por la tarde, viendo a los viejos bailar danzones, aunque ahora sólo haya basura arrastrada por el viento y un par de almas cruzándola lentamente. ¿Qué será de este lugar cuando el cabello gris me cobije?, quizás hasta aprenda a bailar danzones. Mix Up sí transmite. Aquí, cuando en este viaje en el tiempo es Discolandia, intento conseguir el estreno "Fear Of The Dark" de Iron Maiden., regresando una y otra vez para verificar si les ha llegado el título que vi en una revista. Tarareo "Be Quick Or Be Dead", irónicamente.
Me duele llegar a Nicolás Bravo. Muchos degeneres en este sitio. La camisería donde mi papá solía comprar su ropa se convirtió en un puto Mc Donalds, los Helados Élite devinieron en una zapatería y para acabar de joderla, la sastrería de mi Tío Abuelo es parte de la que ahora es la Notaría Pública de Alberto Maya Schuster. Esa cortina metálica nunca volverá a abrirse para mostrar al Tío Rafa cortando un casimir, aunque en mi mente la proyección es nítida. A un ladito, junto a la entrada del despacho donde litigaba mi papá, hay un anuncio despintado de una cerrajería. Casi se me escurre algo de los ojos al ver mi efigie yendo y viniendo, agarrado de la mano de mi jefe mientras saluda a un montón de personas que encuentra a su paso.
Pasos delante. Detengo en José Vicente Villada. Me veo caminando con el cabello a media espalda, yendo a comprar discos usados a Miguelito y al Tigre. O saliendo de hacer mi servicio social en el Consejo Estatal de Población.
Alcanzo a ver Villada en casi toda su extensión, hasta la Iglesia del Ranchito. Me viene una ráfaga de imágenes, como metralla. Estoy saliendo de un toquín en El Sótano; de comer tacos en El Campeón; de coronar una victoria en Billares Versalles yendo hacia las tortas de La Alameda; de escuchar banditas de pocamonta en el Area Chica todos los jueves; de comprar dulces importados en El Dollar; de correr hacia la Glorieta del Águila para celebrar 23 años de amarguras pamboleras; de comprar el último número de la Metal Maniacs y un Ziggy para mi primer novia, en el Sanborns. Aquí caigo en cuenta que casi todas las calles de esta ciudad tienen una anécdota escondida. Que por fea que sea, esta es mi casa. Que no importa si me voy por mucho tiempo, siempre querré regresar aquí. Ahora entiendo el sentido de quien le puso el apodo de "La Bella", aun sin serlo.
"Poco queda de la ciudad donde crecí, pero en mí algo se ha quedado, inmóvil", pienso con melancólica vanidad. Pasos delante, silbando, me pierdo por ahí.
"La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía que no se rebajó un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo, noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita.
Cambiará el universo pero yo no, pensé con melancólica vanidad"
Cambiará el universo pero yo no, pensé con melancólica vanidad"
Jorge Luis Borges. El Aleph
sábado, 31 de diciembre de 2011
¡Gracias!
Aunque soy de los primeros que se mofan de los lugares comunes, heme aquí, con la nostalgia del año viejo. Pero más que nostalgia es agradecimiento para ti, a quien no tengo mejor forma de tributar que con lo que hago menos peor: dedicarte unos renglones.
Va a ser un post largo.
-Gracias a ti porque me dejaste compartir ese Año Nuevo entre murallas y por mi pastel de cumpleaños. Gracias por los años a cuestas. Y buen viaje.
-A tí por inventar que era un prominente político mientras nos emborrachábamos en los antros playeros, lo hiciste muy divertido. Por hacerme reir tanto, echándole carrila al Malumonado, en una cruda enmarcada con mariscos.
-A ti, el Malumonado, porsupuesto, y a toda tu familia, ojalá que los genes no transmitan la inhabilidad para bailar. Ya quiero jotear de nuevo con Morrissey.
-A ti, mi querido Muerte Facial, porque a pesar de tu inexpresión, eres uno de los güeyes más divertidos que conozco.
-A Patán y familia, gracias por darme el avión.
-A ti Bucs, porque nada más pedo me dejas manejar el Meche.
-A ti, por saber perdonarme pendejadas que a mi entender, nunca deberían enfrentar a los ñeros. Yo seguiré odiando a los políticos y tú a defenderlos. Bueno, nomás a los priístas.
-A tí, mi queridísimo Actitud-Man, por la atención de organizar una despedida de soltero como la que hiciste, donde además quedó de manifiesto la lealtad que te caracteriza al regresarte a medio viaje, para ir a un funeral. Chido por las rondas de shots, los perlas y los lamborghinis, por las golizas en el playstation y por esa pedota en La Condesa. También por tirar el coche de tu suegra a un canal. Un favor: nada más sin llorar.
-A ustedes que me dejaron cantar, bien pedo, "Tres Regalos" mientras la puentéabamos en Mariscos El Cejas.
-Un abrazo especial para tí, caifán, nada más no te desaparezcas un día entero porque luego nos preocupamos.
-También a tí, que finalmente te nos casaste. Gracias especiales porque, como hicieron antes otros brethers, trajiste la alegría de un niño a nuestras vidas. Nunca olvidaré lo que hiciste por mí mientras vivimos juntos.
-Muchísimas gracias a ti, por aquella hermosa carrera para alcanzar el tren en el pueblo "donde jamás debiste salir" y también por darme esa valiosa lección apuntalada con tacos de puerco echado. Te agradezco haber salido de tu pueblo y tener el gusto de haberte conocido.
-Más aun, un agradecimiento especial para ti, que sin estar físicamente, me acompañaste durante miles de kilómetros, guardada en mi smartphone. Los abrazos de consuelo y comprensión sí me llegaron. Qué buenas guarapetas virtuales nos pusimos este año. Manda saludos de parte del ayudante de Santa.
-Gracias a ti, por llegar a mi fiesta desde tan lejos, prometo que las llaves del carro rentado no se vuelven a perder. Y gracias porque un año antes, las chelas en esos bares vieneses fueron las mejores de lahistoriadelahumanidad.
-A ti también mano, por hacer de ese viaje uno de los mejores que recuerdo, fue toda una experiencia con tu hospitalidad. Gracias por solapar mis ganas de ver al Internazionale y hacerme fan de los Modena City Ramblers, por saberte las rolas de Dire Straits y por hacerme entender que la prueba de fuego en cualquier relación es llevar a tu novia al Chelsea Pub. Gracias por la bici. Y no mames, ¡las amo a todas!
-A ti, muchas gracias por abrirme las puertas de tu casa, aunque fuere en un sexto piso. Por el fajo de boletos del Metro romano, por las cenas exquisitas en Trastevere y el viaje cósmico en Piazza Navona. Por alivianarme de los corajitos mientras dimos el Grito de Independencia con chiles en nogada y tequila.
-Gracias a ti carnal, porque después de tantos años, volverte a ver estuvo pocamadre, sigo envidiando el pueblito medieval en el que estás forjando una nueva vida. Aun me río recordando los piropos que se nos ocurrían caminando por las plazas.
-A tí, muchas gracias por no guardarme rencor pese a mis informalidades. Muchas muchas gracias por prestarme esa lana que me sacó de soberano problemón. Gracias por los toquines a los que fuimos juntos y sobretodo, gracias por animarte a ser de vez en cuando, la adolescente que manda a la chingada a la ñora. La he pasado bomba.
-Agradecimientos para tí, que eres la muestra de que siendo farsante, estoy chavo. Por esas pedas siete-mañaneras, completamente despelucados, pero bien atendidos.
-Gracias carnala por las inenarrables noches de danzón en el el Uta, el Under y las cubitas en La Comandancia, por los toquines de metal y por echarnos agua mutuamente, cual gremlins. Me sigues debiendo ese disco porque el güey que te ligaste al menos no tuvo un accidente al verte en mallones. (Carcajeo).
-A tí, gracias panzón, porque tanto los chingué que ya tiene rato que no los escucho tocar Blanca esperma resbalaaaando por la espina dorsal y especiales gracias por ser el único con quien puedo ponerme pedo en lunes. Gracias también a ti, costal de naranjitas, por conservar el alma de escuincle y por brincar juntos en los toquines a los que fuimos este año.
-Un abrazo para Tony_Nomber_Güan y el Sport Billy, mis mejores amigos repetidos, también los únicos. Prometo no trollearlos tanto este año. Pero verlos discutir entre ustedes se puede poner muy cagado.
-Muchísimas gracias al igual a ti mano, por ese pavo, estuvo espectacular.
-Gracias, gracias, gracias a ti por las catas de vino y mezcal, por las caminatas taciturnas viendo cagar a Ade y de igual forma, por cruzar la ciudad para verme.
-A ti, un apartado muy especial, por la disposición. Por dejarme llevarte a las luchas, por soplarte películas y bandas que no te llaman la atención, por tenerme la confianza de moquear mi hombro y sobretodo por las clases de Salsa. Tenemos una tirolesa y un estudio de fotos pendiente.
-A tí también manito, porque de no ser por tu cumple y por aquella reunión en el Norte-Sur, muchas cosas chidas no me habrían pasado. Pormicasatiranlabasura…
-Muchas gracias por hacer la chamba menos pesada. Muchas gracias por hacerme cagar de risa con tus chimpompeces mientras hacemos tiempo en las guardias policiacas. Y claro, por sacar esas fotos tan reatas.
-A tí, por el rompecabezas y el Ferrero. Por hacerme pensar que el futuro de la humanidad no está perdido y porque aunque te quejas de todo, como yo, eres muy agradable.
-Aunque no lo creas, para ti también hay un pequeño agradecimiento, aunque no merezcas ser nombrada siquiera. Que me sigas buscando todos estos años después no sólo me halaga, sino que me convence lo bien que hice las cosas contigo. Pero ya de favor, ojalá dejes de estar chingando.
-Gracias a ti, imbécil, por casarte el día de mi cumple. En 32 años esta fue la primera vez que quise hacerme una pachanga y no pude. Bueno, sí pude. Tuve dos fiestas. Gracias por ello y por verte tan feliz en tu baile nupcial. Este marzo estuvo de huevos.
-Mi admiración y respeto para ti, mi querido Piopi, por resultar mejor hijo que guitarrista. Y eso es decir demasiado. Gracias por la lección que involuntariamente, me hiciste aprender.
-Albricias para mi carnalazo porque de vez en cuando te rebelas y me atiendes. Chingón que ya tomas mejores fotos que yo, pero pónles menos Aperture. Por cierto, si este año no vas a mi cumple, te puteo, así que ve pidiendo permiso desde ahorita.
-Un abrazo para ustedes, a quienes no veo tan seguido como quisiera. Lo bueno es que existe el Feis para verles diario, diciendo una pendejada que me hace sonreir o bancándome sus expresiones a veces de hueva y sus lugares comunes. También para ustedes chicas, que solapan a mis amigos y todavía los dejan juntarse conmigo. Tenkius.
Gracias a todos ustedes, por hacer este año y esta vida, más llevadera. Muchas muchas gracias.
Antonio Lechuga
Alfred Wöger
Aleyda Ibarra
Alejandro Ramírez-Wiella
Arely Valdez
Andrea Donetti
Adriana Fonseca
Alejandro Barrera
Areli García
Alina Fernández
Badir Maawad
Benjamín Aguilar
Cherry Millán
Eduardo Cervantes
Eugenio González
Ernesto De la Cueva
Erika García
Francesca D´Armento
Germán Montes de Oca
Gerardo Hernández
Iván Heredia
Javier Cepeda
Karla Paniagua
Korín De la Cruz
Leopoldo Islas
Miguel Garciabeltrán
Marcela Díaz
Miguel Mirafuentes
Marco Sobarzo
Oscar Bustos
Patricia Robles
Raymundo Pineda
Ricardo Torres
Silvia Lanuza
Víctor Alvaro
Víctor Lechuga
Va a ser un post largo.
-Gracias a ti porque me dejaste compartir ese Año Nuevo entre murallas y por mi pastel de cumpleaños. Gracias por los años a cuestas. Y buen viaje.
-A tí por inventar que era un prominente político mientras nos emborrachábamos en los antros playeros, lo hiciste muy divertido. Por hacerme reir tanto, echándole carrila al Malumonado, en una cruda enmarcada con mariscos.
-A ti, el Malumonado, porsupuesto, y a toda tu familia, ojalá que los genes no transmitan la inhabilidad para bailar. Ya quiero jotear de nuevo con Morrissey.
-A ti, mi querido Muerte Facial, porque a pesar de tu inexpresión, eres uno de los güeyes más divertidos que conozco.
-A Patán y familia, gracias por darme el avión.
-A ti Bucs, porque nada más pedo me dejas manejar el Meche.
-A ti, por saber perdonarme pendejadas que a mi entender, nunca deberían enfrentar a los ñeros. Yo seguiré odiando a los políticos y tú a defenderlos. Bueno, nomás a los priístas.
-A tí, mi queridísimo Actitud-Man, por la atención de organizar una despedida de soltero como la que hiciste, donde además quedó de manifiesto la lealtad que te caracteriza al regresarte a medio viaje, para ir a un funeral. Chido por las rondas de shots, los perlas y los lamborghinis, por las golizas en el playstation y por esa pedota en La Condesa. También por tirar el coche de tu suegra a un canal. Un favor: nada más sin llorar.
-A ustedes que me dejaron cantar, bien pedo, "Tres Regalos" mientras la puentéabamos en Mariscos El Cejas.
-Un abrazo especial para tí, caifán, nada más no te desaparezcas un día entero porque luego nos preocupamos.
-También a tí, que finalmente te nos casaste. Gracias especiales porque, como hicieron antes otros brethers, trajiste la alegría de un niño a nuestras vidas. Nunca olvidaré lo que hiciste por mí mientras vivimos juntos.
-Muchísimas gracias a ti, por aquella hermosa carrera para alcanzar el tren en el pueblo "donde jamás debiste salir" y también por darme esa valiosa lección apuntalada con tacos de puerco echado. Te agradezco haber salido de tu pueblo y tener el gusto de haberte conocido.
-Más aun, un agradecimiento especial para ti, que sin estar físicamente, me acompañaste durante miles de kilómetros, guardada en mi smartphone. Los abrazos de consuelo y comprensión sí me llegaron. Qué buenas guarapetas virtuales nos pusimos este año. Manda saludos de parte del ayudante de Santa.
-Gracias a ti, por llegar a mi fiesta desde tan lejos, prometo que las llaves del carro rentado no se vuelven a perder. Y gracias porque un año antes, las chelas en esos bares vieneses fueron las mejores de lahistoriadelahumanidad.
-A ti también mano, por hacer de ese viaje uno de los mejores que recuerdo, fue toda una experiencia con tu hospitalidad. Gracias por solapar mis ganas de ver al Internazionale y hacerme fan de los Modena City Ramblers, por saberte las rolas de Dire Straits y por hacerme entender que la prueba de fuego en cualquier relación es llevar a tu novia al Chelsea Pub. Gracias por la bici. Y no mames, ¡las amo a todas!
-A ti, muchas gracias por abrirme las puertas de tu casa, aunque fuere en un sexto piso. Por el fajo de boletos del Metro romano, por las cenas exquisitas en Trastevere y el viaje cósmico en Piazza Navona. Por alivianarme de los corajitos mientras dimos el Grito de Independencia con chiles en nogada y tequila.
-Gracias a ti carnal, porque después de tantos años, volverte a ver estuvo pocamadre, sigo envidiando el pueblito medieval en el que estás forjando una nueva vida. Aun me río recordando los piropos que se nos ocurrían caminando por las plazas.
-A tí, muchas gracias por no guardarme rencor pese a mis informalidades. Muchas muchas gracias por prestarme esa lana que me sacó de soberano problemón. Gracias por los toquines a los que fuimos juntos y sobretodo, gracias por animarte a ser de vez en cuando, la adolescente que manda a la chingada a la ñora. La he pasado bomba.
-Agradecimientos para tí, que eres la muestra de que siendo farsante, estoy chavo. Por esas pedas siete-mañaneras, completamente despelucados, pero bien atendidos.
-Gracias carnala por las inenarrables noches de danzón en el el Uta, el Under y las cubitas en La Comandancia, por los toquines de metal y por echarnos agua mutuamente, cual gremlins. Me sigues debiendo ese disco porque el güey que te ligaste al menos no tuvo un accidente al verte en mallones. (Carcajeo).
-A tí, gracias panzón, porque tanto los chingué que ya tiene rato que no los escucho tocar Blanca esperma resbalaaaando por la espina dorsal y especiales gracias por ser el único con quien puedo ponerme pedo en lunes. Gracias también a ti, costal de naranjitas, por conservar el alma de escuincle y por brincar juntos en los toquines a los que fuimos este año.
-Un abrazo para Tony_Nomber_Güan y el Sport Billy, mis mejores amigos repetidos, también los únicos. Prometo no trollearlos tanto este año. Pero verlos discutir entre ustedes se puede poner muy cagado.
-Muchísimas gracias al igual a ti mano, por ese pavo, estuvo espectacular.
-Gracias, gracias, gracias a ti por las catas de vino y mezcal, por las caminatas taciturnas viendo cagar a Ade y de igual forma, por cruzar la ciudad para verme.
-A ti, un apartado muy especial, por la disposición. Por dejarme llevarte a las luchas, por soplarte películas y bandas que no te llaman la atención, por tenerme la confianza de moquear mi hombro y sobretodo por las clases de Salsa. Tenemos una tirolesa y un estudio de fotos pendiente.
-A tí también manito, porque de no ser por tu cumple y por aquella reunión en el Norte-Sur, muchas cosas chidas no me habrían pasado. Pormicasatiranlabasura…
-Muchas gracias por hacer la chamba menos pesada. Muchas gracias por hacerme cagar de risa con tus chimpompeces mientras hacemos tiempo en las guardias policiacas. Y claro, por sacar esas fotos tan reatas.
-A tí, por el rompecabezas y el Ferrero. Por hacerme pensar que el futuro de la humanidad no está perdido y porque aunque te quejas de todo, como yo, eres muy agradable.
-Aunque no lo creas, para ti también hay un pequeño agradecimiento, aunque no merezcas ser nombrada siquiera. Que me sigas buscando todos estos años después no sólo me halaga, sino que me convence lo bien que hice las cosas contigo. Pero ya de favor, ojalá dejes de estar chingando.
-Gracias a ti, imbécil, por casarte el día de mi cumple. En 32 años esta fue la primera vez que quise hacerme una pachanga y no pude. Bueno, sí pude. Tuve dos fiestas. Gracias por ello y por verte tan feliz en tu baile nupcial. Este marzo estuvo de huevos.
-Mi admiración y respeto para ti, mi querido Piopi, por resultar mejor hijo que guitarrista. Y eso es decir demasiado. Gracias por la lección que involuntariamente, me hiciste aprender.
-Albricias para mi carnalazo porque de vez en cuando te rebelas y me atiendes. Chingón que ya tomas mejores fotos que yo, pero pónles menos Aperture. Por cierto, si este año no vas a mi cumple, te puteo, así que ve pidiendo permiso desde ahorita.
-Un abrazo para ustedes, a quienes no veo tan seguido como quisiera. Lo bueno es que existe el Feis para verles diario, diciendo una pendejada que me hace sonreir o bancándome sus expresiones a veces de hueva y sus lugares comunes. También para ustedes chicas, que solapan a mis amigos y todavía los dejan juntarse conmigo. Tenkius.
Gracias a todos ustedes, por hacer este año y esta vida, más llevadera. Muchas muchas gracias.
Antonio Lechuga
Alfred Wöger
Aleyda Ibarra
Alejandro Ramírez-Wiella
Arely Valdez
Andrea Donetti
Adriana Fonseca
Alejandro Barrera
Areli García
Alina Fernández
Badir Maawad
Benjamín Aguilar
Cherry Millán
Eduardo Cervantes
Eugenio González
Ernesto De la Cueva
Erika García
Francesca D´Armento
Germán Montes de Oca
Gerardo Hernández
Iván Heredia
Javier Cepeda
Karla Paniagua
Korín De la Cruz
Leopoldo Islas
Miguel Garciabeltrán
Marcela Díaz
Miguel Mirafuentes
Marco Sobarzo
Oscar Bustos
Patricia Robles
Raymundo Pineda
Ricardo Torres
Silvia Lanuza
Víctor Alvaro
Víctor Lechuga
miércoles, 2 de noviembre de 2011
Día de Muertos
Creo que los 2 de Noviembre me ponen todavía más nostálgico que los 12 de agosto y los 20 de abril. La razón es tan sencilla como que, ni en agosto ni en abril, celebramos algo en casa, todo lo contrario, porque recordamos sus partidas.De los familiares que mudaron de barrio, nadie llega a la relevancia de mi padre y su madre, pese a que hay varios más a los que he tenido el sinsabor de enterrar. De ese resto apenas tengo un puñito de buenos recuerdos.
Por eso este pequeño tributo es para ellos: mi papá y mi abuela. Nunca se me borrará que esta fecha era de sus favoritas.
Cómo olvidar que en días como este se me cocían las habas para que dieran las tres de la tarde y pudiera, junto a mis hermanos, empacharme de calaveritas, mole, fruta y pan de muerto, con todo y que mi jefe se enchilaba cuando nos robábamos la cabeza y huesos del pan glaseado.
Para el recuerdo que en días como este, las canciones de Cuco Sánchez y Pedro Infante se me incrustaron para que, años después, tengan este significado tan especial.
Y que en días como este, literalmente muero de ganas de volver a abrazarlos.
¡Buen viaje viejos!
Cómo olvidar que en días como este se me cocían las habas para que dieran las tres de la tarde y pudiera, junto a mis hermanos, empacharme de calaveritas, mole, fruta y pan de muerto, con todo y que mi jefe se enchilaba cuando nos robábamos la cabeza y huesos del pan glaseado.
Para el recuerdo que en días como este, las canciones de Cuco Sánchez y Pedro Infante se me incrustaron para que, años después, tengan este significado tan especial.
Y que en días como este, literalmente muero de ganas de volver a abrazarlos.
¡Buen viaje viejos!
miércoles, 26 de octubre de 2011
La Víspera
No se trata de una de esas postales en las que miles de postes de luz conforman un pueblo visto de noche. Se trata de incontables velas y cirios, vistos desde lejos, que dan muestra de la devoción de un pueblo celebrando la víspera de Dia de Muertos.
Basta sortear calles maltrechas y milpas para llegar a la localidad de San Pablo Autopan, en la mísera periferia al norte de Toluca, para emprender este viaje, esta tradición centenaria aun viva.
Al bajar del auto, desde donde la simple vista alcanza a distinguir este camposanto en plena noche, cientos de otomíes caminan sonrientes a su encuentro con quienes se fueron dejando tras de sí, una estela de sufrimiento y lágrimas.
La mayoría llegan a pie, en camionetas de redilas o en taxis colectivos. Pocos lo hacemos en vehículo. Ya desde el pasillo que conduce a la entrada al panteón se siente esa vibra extraña calar en los huesos como el mismo frío en la zona. Unos tres grados centígrados.
A cada paso, el sonido de las las bocinas que retumban cumbias se va haciendo más fuerte y los vapores de atoles y antojitos hipnotizan, cual serpientes venenosas. Una estela de humo que parece un telón se va abriendo hasta descubrir este imponente escenario.
Un par de lugareños nos miran de reojo. Nuestra piel, estatura y ropa no terminan de encajar, probablemente les quede claro que llegamos a este lugar para observar. Lo entendemos porque es difícil recibir "extranjeros" en una localidad como esta.
Al poco, la inercia de los ríos de personas nos hunde en el anonimato. Una voz irrumpe desde la oscuridad, junto a una capilla, recitando nombres sin cesar. Son de quienes murieron en el último año y por quienes está a punto de empezar el rosario.
Entre los cuchicheos de los que caminan enlodando sus zapatos rumbo a sus tumbas, predomina un otomí bastante fluido y un español pausado. Una cascada de rebozos colgados de la espalda de mujeres y ancianas carga comida, cobijas, incluso niños.
Se ven pocas lápidas, son las menos. De cada montón de tierra se aprecian cruces de madera o fierro, seguidas de cubetas al ras de piso que vomitan cenpasúchiles, nubes y gladiolas hasta no dejar más espacio más que para pequeños bancos donde se sientan los deudos.
Es cerca de medianoche el jolgorio se intensifica pese a que gran parte de estas personas ya está velando en su tumba. Un festín para vivos y muertos.
Tomasa Martínez toma un aspiro tras prender la última vela en la tumba de su esposo. Está exhausta. Y cómo no estarlo después de caminar unos cuatro kilómetros con toda la ofrenda a cuestas.
Cuenta que ninguno de sus cuatro hijos vendrá. A todos les ganó la facilidad de la vida en ciudad. Ni siquiera ella les ve muy seguido. Juan Pablo Martínez, su querido, murió hace 12 años ya.
"Tenía una enfermedad muy fea", dice, sin dar más detalle.
Desde entonces suman 12 noches iguales a esta y no sabe hasta cuando vuelva a encontrarse con su compañero, porque tenían tanto en común como en el primer apellido de ambos.
Esta mujer, al igual que sus vecinos y conocidos a los que les perdió la pista a la entrada al panteón, extiende sobre su tumba un mecate con pan de amasijo de distintos tamaños, también hay galletas, plátanos, tejocotes, peras, manzanas, mandarinas. Poco después de colocar su ofrenda saca una Coca Cola en envase de plástico de su bolsa de mimbre. No le dio tiempo de traerse un curado de jitomate.
"Es lo que más le gustaba, también le gustaban sus taquitos y sus enchiladas, pero mejor le traigo fruta para que se alimente bien", menciona, esbozando una tímida sonrisa.
A pocos metros, un grupo de ocho jóvenes pone música disco desde un celular mientras se empinan una de Sauza blanco, acompañados también de unos panalitos de mezcal, de los que venden en el Oxxo, que mezclan con refresco de toronja.
Vinieron a velar a su compa, quien murió atropellado hace unos meses, saliendo de un sonidero, en la carretera Toluca - Palmillas. Nos marchamos en cuanto percibimos esas miradas que implican incomodidad. Ni siquiera intentamos tomar una fotografía.
Al otro lado del panteón, el mariachi canta a todo pulmón Un Puño de Tierra y 20 mujeres. Es de a 50 pesos la melodía.
En algún momento, los mariachis se topan con dos tríos norteños y un trío de boleros. Se saludan de lejos, como para no espantarse clientela, caminando entre tumbas.
Pasada la medianoche, los cirios están por terminarse y conforme avanza la madrugada, calan las heladas en la zona, terminando por dictar rendición en un buen número de dolientes. No faltan los estoicos que gracias a la borrachera o a la carga extra de cobijas, sin importar su edad, cumplen con la manda de cada año, soñando sobre una tumba.
"Su abuelo estuvo con él siempre, era su consentido, ¿porqué no va a estar con él una noche?", finaliza María Martina antes de acomodar las cobijas para dormir junto a su hijo, sobre la tumba de su padre.
Basta sortear calles maltrechas y milpas para llegar a la localidad de San Pablo Autopan, en la mísera periferia al norte de Toluca, para emprender este viaje, esta tradición centenaria aun viva.
Al bajar del auto, desde donde la simple vista alcanza a distinguir este camposanto en plena noche, cientos de otomíes caminan sonrientes a su encuentro con quienes se fueron dejando tras de sí, una estela de sufrimiento y lágrimas.La mayoría llegan a pie, en camionetas de redilas o en taxis colectivos. Pocos lo hacemos en vehículo. Ya desde el pasillo que conduce a la entrada al panteón se siente esa vibra extraña calar en los huesos como el mismo frío en la zona. Unos tres grados centígrados.
A cada paso, el sonido de las las bocinas que retumban cumbias se va haciendo más fuerte y los vapores de atoles y antojitos hipnotizan, cual serpientes venenosas. Una estela de humo que parece un telón se va abriendo hasta descubrir este imponente escenario.
Un par de lugareños nos miran de reojo. Nuestra piel, estatura y ropa no terminan de encajar, probablemente les quede claro que llegamos a este lugar para observar. Lo entendemos porque es difícil recibir "extranjeros" en una localidad como esta.
Al poco, la inercia de los ríos de personas nos hunde en el anonimato. Una voz irrumpe desde la oscuridad, junto a una capilla, recitando nombres sin cesar. Son de quienes murieron en el último año y por quienes está a punto de empezar el rosario.
Entre los cuchicheos de los que caminan enlodando sus zapatos rumbo a sus tumbas, predomina un otomí bastante fluido y un español pausado. Una cascada de rebozos colgados de la espalda de mujeres y ancianas carga comida, cobijas, incluso niños.Se ven pocas lápidas, son las menos. De cada montón de tierra se aprecian cruces de madera o fierro, seguidas de cubetas al ras de piso que vomitan cenpasúchiles, nubes y gladiolas hasta no dejar más espacio más que para pequeños bancos donde se sientan los deudos.
Es cerca de medianoche el jolgorio se intensifica pese a que gran parte de estas personas ya está velando en su tumba. Un festín para vivos y muertos.
Tomasa Martínez toma un aspiro tras prender la última vela en la tumba de su esposo. Está exhausta. Y cómo no estarlo después de caminar unos cuatro kilómetros con toda la ofrenda a cuestas.
Cuenta que ninguno de sus cuatro hijos vendrá. A todos les ganó la facilidad de la vida en ciudad. Ni siquiera ella les ve muy seguido. Juan Pablo Martínez, su querido, murió hace 12 años ya.
"Tenía una enfermedad muy fea", dice, sin dar más detalle.
Desde entonces suman 12 noches iguales a esta y no sabe hasta cuando vuelva a encontrarse con su compañero, porque tenían tanto en común como en el primer apellido de ambos.
Esta mujer, al igual que sus vecinos y conocidos a los que les perdió la pista a la entrada al panteón, extiende sobre su tumba un mecate con pan de amasijo de distintos tamaños, también hay galletas, plátanos, tejocotes, peras, manzanas, mandarinas. Poco después de colocar su ofrenda saca una Coca Cola en envase de plástico de su bolsa de mimbre. No le dio tiempo de traerse un curado de jitomate.
"Es lo que más le gustaba, también le gustaban sus taquitos y sus enchiladas, pero mejor le traigo fruta para que se alimente bien", menciona, esbozando una tímida sonrisa.
A pocos metros, un grupo de ocho jóvenes pone música disco desde un celular mientras se empinan una de Sauza blanco, acompañados también de unos panalitos de mezcal, de los que venden en el Oxxo, que mezclan con refresco de toronja.Vinieron a velar a su compa, quien murió atropellado hace unos meses, saliendo de un sonidero, en la carretera Toluca - Palmillas. Nos marchamos en cuanto percibimos esas miradas que implican incomodidad. Ni siquiera intentamos tomar una fotografía.
Al otro lado del panteón, el mariachi canta a todo pulmón Un Puño de Tierra y 20 mujeres. Es de a 50 pesos la melodía.
En algún momento, los mariachis se topan con dos tríos norteños y un trío de boleros. Se saludan de lejos, como para no espantarse clientela, caminando entre tumbas.
Pasada la medianoche, los cirios están por terminarse y conforme avanza la madrugada, calan las heladas en la zona, terminando por dictar rendición en un buen número de dolientes. No faltan los estoicos que gracias a la borrachera o a la carga extra de cobijas, sin importar su edad, cumplen con la manda de cada año, soñando sobre una tumba."Su abuelo estuvo con él siempre, era su consentido, ¿porqué no va a estar con él una noche?", finaliza María Martina antes de acomodar las cobijas para dormir junto a su hijo, sobre la tumba de su padre.
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