No era el fin del mundo, era el nacimiento de un volcán.
Dionisio
Pulido fue el primero en verlo emerger de la tierra. Era un 20 de
febrero de 1943 cuando el piso se estremeció y comenzó a escupir fuego
hasta transformarse en este hermoso cono en los bosques de la nación
purépecha.
Durante
los nueve años, once días y diez horas en que emergió, el volcán
Paricutín, no dejó de maravillar al mundo. El primer volcán visto por el
hombre desde su parto. Y una erupción de emoción conocerlo en persona,
treparlo, frotar su ceniza entre los dedos.
De
acuerdo con las crónicas, los habitantes de San Juan Parangaricutiro y
Paricutín no tuvieron el interés ni la emoción que vulcanólogos,
periodistas, genios del pincel como Diego Rivera y Dr Atl o curiosos
como yo. Para ellos era el fin del mundo venido en 1943. Una calamidad
enviada por Dios por su mal comportamiento y las viejas rencillas
vecinales.
Para
llegar a sus faldas hay que partir de Uruapan, la autodenominada
capital mundial del aguacate. Este pequeño coloso de 365 metros de
altura se ubica en la localidad de Angahuan, a unos 150 kilómetros de
Morelia, para lo que hay que invertir cerca de tres horas para tenerlo a
la vista y un tiempo considerable más para escalarlo.
No
hay autobuses y los taxis son abusivos ya que nadie ve a Angahuan si no
es por su atractivo natural. Se trata de un pueblo lodoso con caminos
mal trazados en el cual se levanta una iglesia de estilo morisco muy
bonita, pero no tiene comercio o transporte público como la mayoría de
los pueblos de la región.
En este caso, un automóvil es la opción.
"Cuando
hizo la erupción muere todo. Muere el campo. Se llena de ceniza. Se
muere todo. La tierra no sirve. Campesinos mal. No hay trabajo", dice
Miguel en un español apenas comprensible.
Si
no asistes a la escuela, es muy probable que no aprendas más que el
purépecha, me explica. Él aprendió español para comunicarse con los
turistas, pero le cuesta mucho más darse a entender con los extranjeros.
"Turistas
buenos. Turistas dan dinero para comer. Campo no es bueno ahora", dice
al tiempo que recuerda que sus faenas en los huertos de aguacate no le
daban para sostener a su esposa e hija.
Retoma la idea de mi pregunta sobre lo que le contaron sus abuelos sobre la erupción que cambió la vida en los alrededores.
"Tierra
muere. Pero después florece. Las frutas se dan, la verdura se da.
Siembra el aguacate. El aguacate se vuelve mucho". Y es que de un año a
otro, el suelo comenzó a ser fértil hasta convertirse en el vergel que
es hoy día.
Almuerzo
abundantemente antes de lamentar que la rodilla no me permitirá buscar
la cúspide localizada a unos 12 kilómetros con el puro sudor de mi
frente. Para ello, acuerdo un trato con Santiago, quien ocupa sus dos
caballos y todo el día para ser mi guía a cambio de 400 pesos.
Santiago
no sabe explicar nada sobre las actividades locales o la historia del
lugar. Tampoco sabe los números, excepto los que vienen pintados en los
billetes, por lo que nunca lo hacen güey con el cambio. El lugar más
lejano al que ha ido en su vida es Uruapan, a menos de 50 kilómetros.
Pero se sabe perfectamente las rutas y los atajos en torno al volcán y
con eso me basta.
Me conduce rodeando las tres capas de lava que sepultaron dos pueblos, exceptuando la torre principal de la iglesia de San Juan.
Ahí,
me acompaña hasta uno de los cráteres menores que expulsan vapor, a un
costado del cono principal del más joven de los ejemplares del eje
neovolcánico mexicano. La tierra todavía cruje vomitando pequeñas
ráfagas de calor, dando muestra que está tan vivo como en 1952, cuando
oficialmente se apagó. Una maravilla.
Emprendo
a solas la conquista de la cumbre. El camino es sumamente difícil. Al
arribo, jadeando, me encuentro con una densa nube y un aguacero en
marcha. Comprendo que llegué hasta este lugar y no podré admirarlo,
sabiendo que hay esfuerzos que tienen otro tipo de recompensa, como
quien lucha hasta que cae en cuenta que el golpe final es dejar las
cosas por la paz.
No
lamento el suceso. Por el contrario, me siento agradecido mientras me
empapo y veo el resto de los cerros desvanecerse entre nubes al
descenso.
Al
regreso cruzamos el sendero entre la lava petrificada cuya entrada es
un letrero que indica que el pueblo de Paricutín está 30 metros bajo
rocas volcánicas.
Santiago
se queda con su compadre mientras me adentro entre las olas de magma
que dieron lugar a esta preciosidad, aunque para los papás de mi guía
fue todo un trauma haberse mudado a 33 kilómetros de distancia, a San
Juan Nuevo, donde él nació.
Las
cifras recabadas indican que ninguna persona murió durante el
nacimiento de este volcán, aunque la tragedia no fue menor para los
indígenas purépechas para los que la vida nunca volvió a ser igual.
Se
hace tarde en Angahuan y encuentro un campamento que lleva el nombre
del pueblo. A cambio de cien pesos me hospedo en la única troje original
que queda en kilómetros a la redonda y saboreo un trozo de carne que
apenas un día antes estaba pastando en el campo.
"La comida siempre así, no hay refrigeradores. Todo fresco, del día", espeta Miguel antes de despedirse.
Podría
quedarme otra tarde entera observando la secuela del apocalipsis
ocurrido en este lugar donde el único trazo de civilización restante es
la torre principal de la Iglesia.
Hasta siempre, Angahuan.
martes, 5 de agosto de 2014
domingo, 29 de junio de 2014
La Paradoja Del Árbol
¿A dónde voy?, ¿de qué estoy huyendo?, ¿qué estoy buscando?
No se trata de dudas existenciales púberes, sino del profundo gusto que tengo por viajar solo, con todas sus implicaciones. Siempre que quise perderme en este hermoso país, no esperé nada de nadie. No habría conocido tantos lugares de haber suplicado y solapado estilos de viajar a la onda gran turismo, con hotelotes con albercotas y un batallón de lacayos sirviendo bebidas y vendiendo cómodos tours con cupones de descuento incluidos para restauransotes.
Pero a lo largo de todos estos años de miles de kilómetros acumulados sin compañía, no puedo dejar de tener momentos en que me cuestiono los motivos por los que no he podido dar un codazo a alguien para hacer de ese gusto, una situación compartida.
Porque de la mayoría de esos momentos memorables no tengo ninguna fotografía, aunque a veces cambiaría todos los clicks mentales por tener atesoradas anécdotas de las que alguien más pueda dar fe. De poco o nada sirve que haya visto esas expresiones de vida, si únicamente he podido guardarlas en mi alma.
¿Hace ruido el árbol que cae cuando no hay nadie para escucharlo?.No se trata de dudas existenciales púberes, sino del profundo gusto que tengo por viajar solo, con todas sus implicaciones. Siempre que quise perderme en este hermoso país, no esperé nada de nadie. No habría conocido tantos lugares de haber suplicado y solapado estilos de viajar a la onda gran turismo, con hotelotes con albercotas y un batallón de lacayos sirviendo bebidas y vendiendo cómodos tours con cupones de descuento incluidos para restauransotes.
Pero a lo largo de todos estos años de miles de kilómetros acumulados sin compañía, no puedo dejar de tener momentos en que me cuestiono los motivos por los que no he podido dar un codazo a alguien para hacer de ese gusto, una situación compartida.
Porque de la mayoría de esos momentos memorables no tengo ninguna fotografía, aunque a veces cambiaría todos los clicks mentales por tener atesoradas anécdotas de las que alguien más pueda dar fe. De poco o nada sirve que haya visto esas expresiones de vida, si únicamente he podido guardarlas en mi alma.
De esas andanzas no sé ni cómo describir la tormenta eléctrica con lluvia de estrellas simultánea que vi en Mazunte, Oaxaca, ni hacer creíble a los demás el arcoiris que vi a medianoche en Real de Catorce, San Luis Potosí. Tampoco las luciérnagas que me envolvieron entre campos de caña de azúcar, en la selva baja de la Huasteca, ni el amanecer más bello que he visto, en Bacalar, Quintana Roo, ni el ocaso precioso aquel, en San José del Pacífico, Oaxaca.
Aunque he disfrutado cada lugar que conocí llegando de aventón, sorteando caminitos en automóvil o bajando de autobuses con el backpack a cuestas, he de confesar que me habría gustado gritarle a alguien y escuchar el eco en las paredes de los cenotes del Dzinup y de San Lorenzo Oxman, en Yucatán, me habría encantado haber abrazado a alguien después de una de las pruebas físicas más duras a las que me he enfrentado, en el vacío de Totomochapa, o haber bebido un café en compañía en Coyametla, luego de cruzar acampando, la Sierra de Zongolica.
También pienso que debí haberme sacado una foto con alguien en el Cerro de La Bufa, Zacatecas, o acampado en la Lacandona chiapaneca junto a un calor que duplicara la humedad para que después me acompañara a caminar por los andadores de San Cristóbal. O a echarse un clavado conmigo, en las cascadas y pozas de Oxchuc, Welib Ha y Misol Ha.
Me faltó un hombro, y al mío le faltó ser apoyo, durante los panoramas exquisitos en la carretera transpeninsular en la que crucé todo Baja California, de Tijuana a Los Cabos. Y habría encontrado consuelo a la bruma que sentí al observar los tentáculos del desierto en Guerrero Negro. Aquella ballena gris no me habría empapado a mi solo en San Ignacio y habría tenido a quién apretar los cachetes por la emoción de tener de frente a un tiburón ballena, en La Paz.
Sin tirarme al piso del drama, fantaseo en cómo habría partir en dos el taco de birria más rico que he probado en mi vida en Lagos de Moreno, Jalisco. O alguien sintiera el mismo miedo de cuando una ola se metió a la carretera mientras pasaba el campamento de Aak Bal, en Campeche, durante el viaje en que recorrí nueve estados para ir a la boda de mi gran amigo Raymundi.
Cuánto tardaría en describir todo lo que vi en siglos de historia por Cantoná, Tajín, Papantla, Santa María Atzompa, Lambityeco, Yagul, Mitla, los kilómetros interminables de selva en Calakmul, Becán y Balamkú. Palenque, Toniná, Bonampak, Lacanjá Chansayab y Yaxchilán. La Ruta Puuc, Chichen Itzá, Dzibilchaltún, Tulum, Cobá y Ek Balam. La Malinche, Cacaxtla y Xochitécatl. El Tepozteco y Xochicalco.
Que alguien cantara conmigo las cumbias de Mike Laure, la discografía de Pink Floyd o buscar estaciones de radio locales, riéndonos de los comerciales de tlapalerías al cruzar carreteras del Istmo de Tehuantepec, la Sierra Gorda o la Sierra Nororiental de Puebla. Tomarnos selfies en las paradas del Corredor de Montaña, en Hidalgo, los Tuxtlas veracruzanos o en las carreteras de El Bajío y hacia Occidente, donde parece estar uno en una pintura de José María Velasco.
Caminar, esperando o apurando para ir al mismo paso en los centros de lugares como Mérida, Oaxaca, Villahermosa, Orizaba, Campeche, Aguascalientes, Zacatecas, Tlaxcala, Guadalajara, Puebla o Monterrey, admirando la arquitectura de antaño, comiendo en cada mercado y haciendo la plática a quien se dejara sobre la marcha.
Quedarme dormido, o dejar dormir a alguien más en las piernas, contemplando el mar desde Ensenada, Nayarit, Guerrero, Colima, Tabasco o Yucatán. Pasar horas viendo correr agua en el Salto de Eyipantla, el Usumacinta, Cosamaloapan, Atlahuitzia, Celestún, Tixinhu, Costa de Oro, Mineral del Chico, Cuetzalan o Mulegé.
No lamento ninguna de estas aventuras, por el contrario, le agradezco a la vida haberme colocado en cada una de ellas. Es sólo que dentro de toda la felicidad que me ha dado conocer México han existido pequeños momentos tristes en los que al voltear a un lado, nadie ha estado para compartirlos.
El próximo viaje, ojalá sea y pueda dar un codazo junto a un exclamo: "¡mira, qué belleza!".
martes, 6 de mayo de 2014
Fotografías Que Cambian Vidas
Es la noche del 24 de Mayo de 2008. La vida de Daniel Solís Mendieta y su familia está por cambiar para siempre. Un niño de ocho años cuyos juguetes caben en una bolsa de Oxxo, no sólo cambiará su percepción del mundo, sino que nos dará a muchos una lección a raíz del episodio que está por protagonizar.
En una famélica callecita de tierra del municipio de Lerma se celebra una fiesta de XV años. Es un 24 de mayo como cualquier otro. Un día de celebración.
La música de banda atrae la atención de casi todos los habitantes de la Colonia 5 de Mayo, en Lerma. Elizabeth todavía no termina de empolvar su vestido y guantes blancos, cuando la alarma latiguea los corazones de cada uno de los invitados.
Daniel es atacado por cuatro perros Pitbull poco después de que Karina Torres, su vecina, le pide cuidar unos borregos a cambio de una moneda de diez pesos.
El niño se está saboreando las golosinas producto de su trabajo, a media fiesta, cuando queda incosciente, bajo la ferocidad de cuatro animales a los que les dejaron la jaula abierta.
Los perros obedecen a su instinto. Con derroche de brutalidad embisten el cuerpecito esbelto de poco más de un metro de estatura.
Para cuando los mayores se dan cuenta y le quitan a los animales de encima, Daniel ha perdido abundante sangre. Su cuero cabelludo está separado de su cabeza, dejando casi la mitad de su cráneo de fuera y tiene la mejilla derecha hecha jirones, además de huellas de colmillos cerca de la yugular, brazos y piernas.
La impresión de los adultos es tal, que suben al niño a un automóvil con rumbo a un hospital cercano, olvidando incluso el pedazo de piel cabelluda en el jardín donde fue atacado y los perros replegados.
Casi tres horas después del ataque ingresa a urgencias en el Hospital Nicolás San Juan, en Toluca. Dos intervenciones quirúrgicas. El niño cae en coma, mientras que los doctores anticipan a la familia el peor escenario.
Daniel Solís Mendienta está muriéndose.
Unas horas después, la futura promesa del futbol nacional, da la sorpresa. El niño más aplicado de su clase da una lección para no olvidar, haciéndole una gambeta a la muerte.
Es la mañana del 25 de mayo de 2008. Ricardo González, paramédico de Protección Civil de Xonacatlán que atiende el incidente, consigue mi teléfono y asegura que tiene una historia que puede interesarme.
Luego de explicarle que no compro fotos, hago una mueca al ver de lo que se trata. La sola imagen describe toda la escena.
En este momento sé que la historia de Daniel tiene que ser contada.
Levanto los datos duros, platico con algunos testigos, pido que me lleven a donde están los perros, los nombres de los padres del niño, el hospital al que lo han llevado.
Hago algunas fotografías de los animales que lucen tímidos ante el lente, como si la luz de día los amansara. Envío un adelanto de la nota.
La redacción del periódico estalla. Tengo carta abierta para llevar la historia, siempre y cuando obtenga la autorización de los padres de Daniel para llevar una foto pequeña como llamado en portada. Una fotografía que cambiará vidas. Una fotografía brutal.
A lo largo de horas de angustia, Teófilo Solís y Sonia Mendieta apenas han visto a su hijo. Todo se resume en mal comer, mal dormir y mal vivir en la sala de espera del Hospital Nicolás San Juan. Largas horas que se van en rezos o lágrimas que van y vienen.
Estoy frente a los papás de Dani, procurando convencerlos de dar seguimiento al caso y sobretodo, que los doctores se pongan a chingarle a sabiendas que lo de su hijo está a punto de volverse un asunto público.
Obtengo una autorización no muy convicente, mientras se me seca la garganta explicándoles que desafortunadamente, hay cosas que no funcionan en este pinche país si no están expuestas a la opinión pública.
"Entré y lo abracé, le dije que lo quería mucho", me dice la mujer que trabaja como sirvienta, con la voz eclipsada por el dolor, mientras comienzo a grabar testimonios.
"Se le escurrieron sus lagrimitas y me preguntó si estaba enojada por lo que le había pasado", relata Doña Sonia tras cruzar palabra con su hijo.
En algún momento entre el ingreso al hospital y las operaciones que derivan en coma, Daniel está despierto. Le dejan ver a su mamá, a quien explican que esta puede ser la última vez que lo verá con vida.
Con la primer publicación del caso en los puestos de periódicos y con uno bajo el brazo, Don Teófilo cruza sus primeras palabras conmigo. Me agradece dar a conocer la historia y este lunes 26 de mayo, se lamenta no haber ido a trabajar como albañil, con tal de estar lo más cerca posible de la cama 142. No tiene varo ni para un taco.
Recuerda que el sábado, antes del mole quinceañero de otra de sus vecinas, pedaleó con Daniel subido en los diablitos de su bicicleta. Jugaron a que iban en una motocicleta.
"Después se metió a la casa, se salió y andaba en la pachanga, hasta me mandó un saludo con los del conjunto musical, fue la última vez que lo vi", dice el padre, sin poder reconstruir adecuadamente la secuencia de sucesos que derivaron en esto.
Al interior del búnker, el pediatra Raúl Saucedo y la sicóloga Sandra Pichardo confirman en entrevista que lo del niño es un milagro, ya que está reaccionando favorablemente y ha salido del coma, pero también adelantan lo sospechado: la historia clínica y sicológica de Daniel va para muy largo.
Tras unos días en vilo, el niño mejora a cada día, aunque sin razón aparente, las heridas se infectan. Daniel va nuevamente a cirugía con posibilidad que no despierte.
"Le tuvieron que amarrar sus manitas, es que sabe, mi hijo es muy inquieto y es para que no se quite las mangueras que le pusieron en todo el cuerpo", gime Doña Sonia, como disculpándose conmigo.
"Me dijo que tenía miedo, que le daba miedo hasta dormirse", repone la mamá, notablemente exhausta. Explica que los pocos minutos que ha podido ver a su niño, no deja de temblar ni de decir que tiene frío. "Frío como el que nunca había sentido".
Al tiempo que el chaval libra la peor parte, la historia da un giro. Los lectores comienzan a conocer un poco a aquel chamaco latoso que se dice el fan número uno de las Chivas Rayadas del Guadalajara y que es el primero de su clase en la Primaria Rural Emiliano Zapata de la localidad de Pueblo Nuevo, en Lerma, a donde a diario tiene que caminar para llegar a ser el mejor en matemáticas.
Pero todo esto viene de rebote. Yo no lo conozco. Sólo cuento aquello que me cuentan.
También sabemos que su hermanita Nancy, de apenas 3 años, no ha dejado de preguntar dónde está "Nani". Que ambos niños duermen en la misma cama individual junto a su madre en la casa que después he de conocer.
"Dice que quiere ser arquitecto o ingeniero, también que le gustaría ser piloto, marinero y futbolista, pero nada más de sus Chivas", reza una de sus tías, esbozando la sonrisa característica de quien está recordando a alguien como si lo tuviera a un lado.
Una vez estabilizado, un batallón de doctores reimplanta el cuero cabelludo con la técnica del Vacío Asistido por Computadora, siempre en terapia intensiva.
Pascual y Karina Torres, dueños de la casa donde Daniel fue atacado, prometen ayudar con los gastos de hospitalización, pero poco después se desentienden hasta desatar un pleito legal que igualmente, va directo a alargarse y enredarse. Los cuatro perros son sacrificados diez días después de permanecer en observación bajo el visto bueno de las autoridades municipales, que sólo determinan que no tienen rabia. ¡Vaya conclusión!
Daniel libra una nueva operación. Vuelve a la consciencia. Acuerda con su madre ir a dar gracias al Señor de Chalma en cuanto salga del hospital, pero no deja de suplicar que lo dejen salir, pues lleva ya más de dos semanas internado, sin siquiera poder ponerse de pie, viendo a diario nuevas enfermeras y especialistas.
Al caer en un pequeño bache en el seguimiento de la historia y aun sin oportunidad de cruzar palabras con Dani, voy a buscar la primaria donde dicen, es el azote del salón.
Ahí, al hablar con su maestra Josefina, quedo frente a la clase completa. Nunca me enfrenté a un salón lleno de niños, pero me sacudo el pánico escénico y pido a los chavales que hagan un dibujo para filtrarlo a la cama 6 de la Unidad de Niños Quemados, donde Dani ha sido trasladado.
Casi ninguno de estos niños deja de dibujar balones de futbol o aviones. Todos preguntan si sé para cuándo estará de regreso. Encojo los hombros y hago esa carita de pendejo que se hace cuando no se sabe qué responder.
"Todos nos pusimos tristes con tu noticia", escribe Dennis con poca noción de caligrafía. "Sé que nadie me va a molestar más que tú", reclama Adriana en son amistoso. Ambas coinciden que Daniel es campeón en aquello de jalar las trenzas. Todas estas muestras de afecto van directo al hospital vía Doña Sonia.
Y entonces, otra sorpresa brinca durante la cobertura del caso del niño atacado.
El impacto mediático comienza a hacer lo suyo. La ayuda comienza a fluir, teniendo como primer gesto al señor de los tamales entregando una bolsa llena de monedas a Doña Sonia.
"Señora no es mucho pero es lo que juntamos los vendedores de aquí", dice el mister de los tamales oaxaqueños sobre la explanada del hospital, justamente cuando estoy junto a la mamá de Daniel. Al voltear, un nudo se me hace en la garganta al ver un periódico en el carrito de las guajolotas donde está publicada una foto de la señora.
Durante varias jornadas, me consta que la gente comienza a reconocer a Doña Sonia. Cada día, la mujer tiene un nuevo amigo a la salida del hospital. Envían cartas o muñecos de peluche, lo cual al menos ayuda a la mamá de Daniel a sobrellevar el asunto.
Mario Vilchis, propietario de una tapicería cercana al hospital, envía una Tortuga Ninja de plástico luego que se entera que todos los juguetes de Daniel caben en una bolsa de Oxxo. También me consta que dona 10 mil pesos para los gastos que han de venir.
"Mi padre alguna vez me dijo “si ves a un niño con hambre dale un pan y si ves a un borracho dale trabajo”, dice Vilchis, agradeciéndome dar a conocer la historia por la cual, no deja de leer el periódico a diario, desde que se desató este embrollo.
Víctor Sánchez se entera de lo de Daniel gracias a los chalanes de su taquería, en Ecatepec. Es tal el sentimiento que lo mueve, que termina apadrinando al menor al cabo de varias visitas a la capital mexiquense. Incluso le va a cumplir el sueño de tener su primer bicicleta propia.
Doña Gabina le manda a hacer dos misas después de leer su historia. La cuenta final de ayuda recopilada a través del periódico es de más de 40 mil pesos para los gastos médicos. Una cantidad que los padres de Daniel nunca imaginaron.
A veces, al llegar a casa, pienso que mi único objetivo es dar a conocer una historia. Me rehúso a generar simpatías, pero ver las respuestas de la gente quedo dubitativo. Mi compañeros Héctor López y Tania Hernández hacen los seguimientos durante mis descansos. Buena parte del crédito también es de ellos.
En la repartición de créditos también está el editor, Javier Garduño, quien se encarga que la historia se publique en la sucursal del periódico en Guadalajara. Pocos días después tenemos al departamento de comunicación de las Chivas Rayadas ofreciendo una playera ¡autografiada! para Daniel.
Y no sólo eso. Junto al jersey a una llamada telefónica de su ídolo, el portero Luis Michel.
Casi un mes después del 24 de mayo, finalmente conozco a Daniel en persona.
Garduño cuadra el envío de la playera desde Guadalajara. Yo me encargo de seducir al director del hospital y obtengo como respuesta una autorización para entrar al área de terapia intensiva, además del telefonema sorpresa entre Daniel y el portero del Rebaño Sagrado.
"Felicidades, es tu buena acción del día", dice mi editor, vía messenger. Le respondo que el mérito es compartido.
Me encargan escribir la historia, mi colega y carnal Korín De la Cruz tomará las fotografías.
Las enfermeras aseguran que somos los primeros periodistas en visitar esa área. Al vernos vestidos con los disfraces azules de hospital, Daniel ve a dos extraños más. Dos de tantos. Lo que no sabe es que afuera hay todo un revuelo por las consecuencias del ataque de los perros que hemos contado.
Romper el hielo con una personita que lleva casi un mes hospitalizado no es fácil. Hablamos de la Eurocopa del 2008, de las Chivas, el América y el Toluca. De comida y postres. De su mamá y Nancy. De quién es más gritón en su salón. A todo responde con cierto desgano.
Entonces, la sorpresa. Ve la playera de Chivas con incredulidad. Piensa que se la estamos presumiendo. Al saber que es suya, no alcanza a sonreir por completo debido a las cicatrices de su mejilla derecha.
Le pasamos a Luis Michel por el teléfono, a quien no le recomendaron otra frase que la de "tienes que echarle muchas ganas, todo va a salir bien". Como sea, el niño se emociona, su ídolo al celular. Sonia Mendieta vuelve a llorar, pero esta vez para decirnos que no tiene cómo agradecernos lo que acabamos de hacer por su hijo. Con etiqueta de premonición, recordamos lo que platicamos unas horas después del ataque, aquel 25 de mayo. Las páginas de nuestro periódico han hecho tanto por la vida de su hijo. Y seguirán haciéndolo.
Aunque Dani permanece hospitalizado un total de 39 días en una institución pública, su tratamiento además de difícil es muy costoso. Cuando lo dan de alta, las deudas llegan a casi 300 mil pesos. Pero la mirada de un medio de comunicación hace lo suyo y el seguro popular surten su efecto y la familia termina pagando 2 mil 500 varos, además de tener al menos diez citas gratuitas para los seguimientos.
Me encojo de hombros al conocer las cifras sobre ataques de perros, sobretodo porque así tengo noción de cuántos Danieles hay regados solamente en el Estado de México.
Según cifras del Departamento de Zoonosis y Veterinaria del Instituto de Salud del Estado de México, en solo cinco meses del 2008, tienen registro de 5 mil 221 ataques de perros. En 2007 la cifra rebasa 14 mil ataques registrados, con tres muertes de menores de edad confirmadas en municipios como Xonacatlán, San Felipe del Progreso y San Antonio La Isla. Todas a causa de mordeduras parecidas a las de Dani.
Rascándole un poco más al asunto se descubre lo sospechado: no hay legislación vigente que castigue a dueños de animales por heridas que pongan en riesgo la vida humana.
Rascándole un poco más al asunto se descubre lo sospechado: no hay legislación vigente que castigue a dueños de animales por heridas que pongan en riesgo la vida humana.
Pascual y Karina Torres, los dueños de los animales que atacaron a Daniel, ni siquiera le dieron la moneda de diez pesos que le prometieron por cuidar a unos borregos. Tampoco pusieron un quinto para su rehabillitación. Con todo y averiguación previa abierta, la LER/III/1399/2008, la justicia permanece con las puertas cerradas para este niño y su familia.
Aparece en escena el Diputado local por el PRD, Domitilo Posadas Hernández, lamentablemente con la única intención de salir en la fotografía. Promete una iniciativa de ley para reglamentar situaciones como esta, pero su política figura desaparece en cuanto Dani es tema de seguimiento y no de portada. Otra Diputada local, Selma Montenegro, se sube también al camión.
En una entrevista con Posadas, pregunto a micrófono abierto si no le da vergüenza colgarse del caso del niño para llevar agua a su molino. Sobra versar sobre lo que responde.
Llega el día del alta médica. Es 2 de julio del 2008. Han pasado 39 días de encierro. Aun con la playera de Chivas, Daniel no ha podido sudarla. A lo largo de todos esos días y sus noches, la pequeña Nancy no deja de preguntar por su "Nani". Cuando finalmente se reúnen los hermanitos, no hay motivo para alegrarse.
Es mediodía. Dani sale caminando del hospital de la mano de sus padres, quienes se miran feo entre sí. Sus primeros pasos paralizan a la gente afuera de la institución. El niño luce heridas que desde cualquier ángulo llaman la atención.
Y lo que se supone será felicidad para los hermanitos en su reencuentro, solamente son más lágrimas. Nadie sabe explicar a Nancy que su hermano mayor lucirá distinto. Ella ve un monstruo.
"¿Y si ya no me quiere?", gime Daniel con el rostro apenado, luego que Nancy le huye a las faldas de una de sus tías. Se nota que se siente culpable. Culpable de que los perros lo atacaran. Culpable de la preocupación a sus padres. Culpable de 39 días encerrado. Culpable del susto de Nancy.
"Tú eres el niño más bello y valiente de todos y no importa lo que haya pasado, en tu familia te queremos con todos nuestros corazones", responde su madre con una firmeza en la voz muy diferente al tono apenado con el que suele expresarse.
Todos lloran esta tarde. Dani por el miedo de ser rechazado por su hermanita menor. Nancy porque le cambiaron a su hermano mayor. La mamá de ambos por la notoria impotencia. Alfonso García por pura solidaridad. Pinches lagrimones manchados.
Solo así me cae el veinte de que hace tiempo falté a la máxima periodística de no generar simpatías con mis fuentes. De ser imparcial mientras cuento una historia. Oficialmente y por primera y única vez en mi carrera como periodista, algún sentimiento tengo por el protagonista de mi historia. Me siento orgulloso de hacerlo mientras me sueno los mocos y me seco las lágrimas con la camisa.
A cada visita al cuarto ubicado en la comunidad de la localidad de Santa María Zolotepec, casa de los tíos del niño a donde lo han llevado a convalecer, Daniel, su mamá y el resto de la familia dejan de verme como a un extraño, aunque siguen hablándome de usted. Así pasan los días, hasta ahora, que es 21 de julio. Daniel cumple nueve años de edad.
Es la primera vez que hay tanta atención centrada en él. Su primer piñata, su primer pastel, sus primeras bolsas de dulces para repartir entre los invitados. Nunca antes, hasta hoy, ha tenido una fiesta de cumpleaños, ya que hay otras prioridades que atender.
Don Víctor Sánchez no sólo llega al lugar con una piñata de Místico, el luchador favorito de Daniel, también con una bicicleta.
Dejo dos pasteles y unas velitas sobre una mesa de aluminio oxidado y me acomodo en una silla de plástico, en la cocina del lugar, a donde Doña Sonia me ha llamado para agradecerme por enésima vez, todo lo que nos ha pasado.
Afuera, a lo lejos, se alcanzan a escuchar risotadas y porras en la calle. Mientras inflamos globos, previo a la fiesta, Doña Sonia se pone seria y me dice que Teófilo no se aparecerá más en escena. Su aun esposo tiene otras obligaciones que cumplir, con su otra mujer y sus otros hijos. Esta familia es de tres.
Me tiemblan las patitas por el trato de rey que me dan todos y cada uno de los asistentes a la fiesta. No veo cómo negarme al queso de puerco, ni al chicharrón ni a los pollos recién desplumados. Me hago todo lo buey a los ojitos de las primas adolescentes de Daniel. Al regreso a casa desde Santa María Zolotepec, llevo conmigo dos litros de mole poblano, un pollo entero hervido, un topper lleno de frijoles parados y un petate lleno de tortillas azules hechas a mano. Insisten tanto en que los tome que por un momento me avergüenzo de quitar protagonismo al niño. Al otro día compartiré este festín con mi mamá, mis hermanas y sus cuatro chamacos.
"Hace como dos meses se despertó en la noche, brincó y como que quería salirse del cuarto, dijo “¡ahí están, ahí están!”, entonces como dormimos juntos le dije que se tranquilizara, que no había nada", recuerda Doña Sonia, luego que mis visitas se fueran haciendo de a poco más esporádicas.
El caso queda resuelto. Paulatinamente, el niño se ha ido reintegrando a su mundo, han transcurrido 14 minutos de su fama. En cuanto esto se va dando, sé que es momento del desapego. Mi labor aquí ha terminado. Y con qué enseñanza.
Las veces que vuelvo a verlo, no deja de retar a una cascarita. Afortunadamente habla poco del ataque, aunque hay noches en las que los cuatro perros vuelven a la carga.
Su madre pide consejo nuevamente. Es 4 de septiembre. No tengo más que recomendarle que no deje de llevarlo al psicólogo que le asignaron y que si hay alguna otra cosa que suceda y amerite publicarse, no dude en llamarme. Todo peligro ha pasado y es entonces, que mientras lo miro patear un balón frente a los muros de tabicones sin pintar, sé que esta es la última vez que lo veré, al menos con ojos de amistad.
Echamos unos penales a la vieja usanza. Los suéteres son la portería y apostamos una Coca Cola. Pierdo por supuesto.
Por ahí le pregunto qué quiere hacer de su vida, como para imaginármelo, pues es casi seguro que no estaré ahí para comprobarlo.
"Quiero ser ingeniero porque me gustaría construir puentes y una casota para mi mamá, también quiero ser futbolista e inscribirme en las Chivas", dice entre que da un sorbo a la Coca y se come unos Churrumais.
Ahora agradezco a la madre de Daniel no haberme dado docenas de notas periodísticas, sino hacerme tantito más humano después de ver todo lo que su hijo despertó en quienes leímos su historia. Se me ponen los ojos de Remy cuando Sonia Mendieta y sus dos hijos van desapareciendo en la calle peatonal de esta comunidad semirural, a guardarse al cuartito donde están de arrimados, porque no tienen casa propia.
Conduzco rumbo a mi casa, sabiendo que esta historia llegó a su fin, pensando en que algún día me gustaría saber del debut en Primera División de Daniel Solís Mendieta con las Chivas, mínimo en un clásico contra el América. También fantaseo en pasar conduciendo sobre un puente dirigido por este gladiador. Ya de perdis saber que se convertirá en un hombre de bien, aunque nunca salga de este pueblo.
Me voy pensando en todos los que intervinieron en que esta historia haya acabado así. Desde el paramédico que le tomó la foto (porque sin esa foto, no habría habido historia) hasta enfermeras, especialistas, psicólogos, maestros, niños, tapiceros, taqueros, diputados, tamaleros, otros periodistas, repartidores de periódicos y Luis Michel. Chingón, un agradecimiento para todos.
Un año después regreso para saludar. Es veintitantos de mayo del 2009, previo a una crónica que ha de publicarse para dar testimonio de que todo ha vuelto a la normalidad en la vida de la familia Solís Mendieta. Daniel también es el primero en matemáticas en su nueva escuela y esta vez, su madre vuelve a agradecerme haber estado cerca, durante los días críticos. Las cicatrices de Dani siguen siendo ofensivas para un niño al que le prometieron diez pesos por cuidar a unos borregos. Nos echamos un último gol-para antes que de una vez por todas, su historia quede para el recuerdo.
Nunca, nunca, nunca, olvidaré esta lección… ¡un niño de ocho años haciéndole una gambeta a la muerte!.
lunes, 28 de octubre de 2013
La Búsqueda De Mister Gus
49 años de ausencia. Casi cinco décadas sin saber siquiera que existía. Una vida sin tener la mínima idea de que 1/32 de sangre matlazinca pura corría por sus venas.
¿Cómo sonaría Friedrik González Lyhykäinen?
¡Cuántas personas no alcanzan a vivir 49 años!…
¿Cómo sonaría Friedrik González Lyhykäinen?
¡Cuántas personas no alcanzan a vivir 49 años!…
***
Señor Inspector Ardilla, aquí le hablan
Dear Alfonso,
I’m writing to you in an unusual matter and I wonder if you can help me? Since you're a Journalist I'm sure you're good at digging up info!
I need the e-mail address to your Municipal President, Martha Hilda González Calderón!
The reason is that I’m trying to track down my father’s family and will send a message to Martha Hilda González Calderón and see what she can do!
It’s only a few weeks ago I learned that my father was from Mexico! So, life is funny, it happens that I’m half Mexican!
If you’re ok with this I’ll really appreciate your help!
Take care and have a good one//F.
Friedrik Lyhykäinen
Gothenburg, Sweden
***
Te has quedado pensando más de la mitad de tu taza de café, en esta mañana de agosto. ¿Cómo explicarle al güero que entre las funciones de un político mexicano, ayudar a la gente no es menester?
Una vez más, tu complejo de amigo de aspirante de chalán de Héctor Belascoarán Shayne te ha hecho responderle a un perfecto desconocido al tiempo que te has reprochado no trabajar en esa nota de los bomberos metepequenses que no tienen equipo para combatir incendios, hace unos días.
Pero las 5 mil 830 millas de distancia y todos los huecos existentes que bien pudieron ser un complot internacional sembrado por alienígenas para apoderarse del planeta, han sido pimienta suficiente para empezar a cocinar este guiso.
Te acomodas en el escritorio, como si estuvieras frente a una Remington, Olguito Lavanderos, y devuelves el correo electrónico.
***
Ok, here’s the info I have!
I was born on August 29, 1963 in Stockholm, Sweden by my mother, Mrs Suvi Palosaari, a Finnish born woman who at that time was unmarried.
I grew up in a suburb to Stockholm and I fairly early understood that my stepfather wasn’t my real father. First I have my mother’s maiden name (Lyhykäinen) and second, I was a Finnish citizen.
Throughout my whole life I have not known who my father was, this was something my mother never told me.
A few weeks ago my mother suddenly told me that my father was Mexican. This was a huge surprise and I was laughing for two weeks. Mexican, where did that come from? I don’t look Mexican and I have never felt anything but Swedish!
Anyway. The story is that my mother and a couple of her friends were on their way to Vienna, Austria, to study and went via Stockholm to look for work and save up some money. My mother met my father, fell head over heels in love and nine months late I saw the daylight for the first time!
As it turned out apparently my father was married and had a daughter in Mexico. Less that a year after I was born he went back to Mexico “to sort things out”, never to return or contacting my mother.
My mother raised me on her own and after nearly 50 years she told me this story.
My father’s name is Gustavo Gonzalez Davila, born June 21 1922 in Toluca, Mexico.
Alfonso, I’m not sure how I’ll use the information but rest assured that I have no intention what so ever to cause anyone problems, I’m not judging anyone, there were different times, I’m merely interested and curious about my Mexican family.
I really appreciate that you’ll help me with this and hope that you have fun doing so.
Take care and have a good one//F.
***
-Ah qué pinche Don Gus. Haciendo niños y abandonándolos- es tu primera reacción, aunque después comienzas a ver con tantita perspectiva.
Tienes dos direcciones en las que pensar, suponer y llenar huecos. La primera es, ¿qué pasó después de que Mister Gustavo salió de Suecia?, ¿salió de Suecia?.
Te brincas preguntas odiosas como si fue a ver a su hijo al hospital en la mañana de ese 29 de agosto del 63, cuando algunas respuestas probables serpentean.
Don Gus era casado y con al menos una hija en otra parte, aparentemente en Toluca. Ahora sí que el famosísimo vengo, voy por cigarros a la tienda, se había internacionalizado antes de lo que hubieras supuesto. Tan ochentero que pensabas que era.
Ahora bien, El Senior Gustavo probablemente ha muerto. O anda por ahí, a sus 91 años, haciéndose güey todavía.
Échale coco, mi querido Inspector Closeau de Petatiux.
Entonces piensas que pudo morir en la revuelta estudiantil del 68, que el vietkong lo persiguió por haberse cogido a la sobrina del Primer Ministro camboyano, que no sobrevivió a los años duros de la Guerra Fría como agente encubierto, o que simplemente despareció en la selva chiapaneca tras unirse al EZLN. O que vive (o vivió) en Toluca, a donde regresó después de trotar el mundo, rodeado de nietecitos. O vive (o vivió) en un país tan lejano como Suecia, pero en sentido opuesto, con su quinta esposa. O que otros dos hijos más no reconocidos también lo están buscando (o lo buscaron), en Auckland y Ciudad de Panamá.
Tienes 49, casi 50 años de incógnitas. Probablemente intentó regresar en algún momento a ver a Friedrik y algún papelito mal anotado, los cachirules en la Selección de Italia 90, la crisis económica del 82, del 94 o la de 2010, algo, se lo impidió.
Quizás vivió infeliz, carcomido por el remordimiento de cómo habría sido la vida del hijo al que nunca pudo volver a ver. O al que tal vez visitó, junto a un osito de peluche, en el 70, pero padre e hijo nunca se vieron porque Doña Suvi hizo un papelón y se lo impidió, guardándose un total de 44 postales y casi un centenar de cartas, además de algunas tarjetas de cumpleaños, debido al ardor que le causó que no se quedara con ella y le diera su apellido. Al final, ella calló 49 años.
O bien, regresó numerosas ocasiones a Suecia, como turista, a ver de lejos a su hijo, para al menos atestiguar cómo crecía y hasta se cruzó con él de modo anónimo para tenerlo de cerca, sobretodo en las navidades. O bien, le vale (o le valió) una gloriosa garapiña.
Pero tú no eres quién para juzgar a nadie, sólo estás fantaseando.
Ay, mi querido Dick Tracy, ya deja de pensar pendejadas y ponte chingón, ¿por dónde empezar a buscar?
A la mañana siguiente, cubres una rueda de prensa en Palacio Municipal y se te ocurre ir al Registro Civil que te queda de camino al estacionamiento de la Plaza España.
Ahí te explican que ni cómo ayudarte.
1.- No tienes los nombres de los padres de Don Gus
2.- Pese a tener una fecha de nacimiento, tampoco sabes el día de su registro
3.- En los veintes, la gente acostumbraba registrar a los niños con varios años cumplidos. Si no era para algún trámite, muchos no existían para el Estado (este no puede ser el caso, pues para salir del país, había mínimo acta de nacimiento y pasaporte).
La única certeza con la que sales de esa oficina, es que Mr Gustavou no está registrado entre 1930 y 2006, según comprueba la base de datos.
"Siendo el día fulano de tal del año sutano de cuál, el Señor Mengano y la Señora Perengana acuden a este Registro Civil a presentar a un niño vivo (x) muerto ( )…"
-Ah, con que para eso necesito el nombre de los papás- susurras a regañadientes.
La señorita que te atiende, entre bocado y bocado a su sandwich de atún, te explica que Don Gus, seguramente, se encuentra en los ocho años de registros restantes. Su nombre ha de estar perdido entre fojas y libros empolvados, que por cierto, no está dispuesta a buscar "por la cantidad de pendientes".
Aprovechas que tu segundo apellido es González para simular un parentesco e insistir un poco.
-Hay que buscar hoja por hoja en los registros de 1922 a 1930, ¿sabe usted cuánto es eso?- dice
-Yo puedo buscar personalmente- repones
-Sólo personal autorizado puede hacerlo- responde, mientras se mete el dedo en la encía para sacarse un pedazo de Pan Bimbo
-Que alguien me acompañe o haga la búsqueda, puedo agradecerles con alguna cantidad- lanzas, como último recurso
Esta aguja color pajar sí que se te está complicando.
***
Ponte a triangular cálculos, mi estimado Jessico Beatrice Fletcher, reportero del crimen.
Suponiendo que a mediados del Siglo 20, había muy poca gente con posibilidades económicas para salir del país, das por hecho que Mister González Dávila tuvo educación. Luego entonces, te lleva pocos minutos subir las escalinatas de Rectoría después que cubres un evento en la UAEM e ingresas a la oficina del cronista, quien amablemente responde a todas tus preguntas.
De finales de los veinte y hasta finales de los treinta, no hay institución educativa que quede en pie, salvo el Instituto Científico y Literario, transformado en la propia Universidad.
-Puedes ir al Archivo General del Estado de México… pero, seamos directos, no vas a conseguir nada ahí, ni yo tengo la paciencia- esboza, mordiendo su lápiz.
Te explica que la institución más añeja es la Primaria Lázaro Cárdenas, de finales de los treinta, principios de los cuarenta, además de la Secundaria 1, en lo que fuera el ex convento franciscano que se partió en la Iglesia del Carmen, el Museo de Bellas Artes, la Plaza España, un estacionamiento y la propia escuela.
La matemática no cuadra, pues Don Gus no habría podido cursar la educación media superior con casi 20 años de edad…
"As it turned out apparently my father was married and had a daughter in Mexico..."
A ver, quedamos que le ibas a echar cálculo.
Sales muy sonriente de esa oficina, después de decirle el nombre de tu padre, Juan de Dios García Mondragón, al cronista, quien por supuesto lo recuerda con respeto y admiración como catedrático y director de la Facultad de Derecho.
-Pero amigo, sobretodo. De hecho te pareces bastante a él- te dice con franqueza.
***
Hola amigo,
Thank you ever so much for all your help and effort.
I hope there will be some info. I find it hard to grasp that I (probably) have a Mexican sister. If we get in contact I guess I have to make a trip to Mexico, but that won't be too bad!
I have actually been in contact with the Mexican embassy in Stockholm but they claimed that they have no records. I think I should go there in person and talk to them instead, it's harder for them to blow me off if I'm there in person!
Take care and have a good one//F.
***
Estás cubriendo una marcha multitudinaria del Movimiento Antorchista que colapsa todos los accesos a la ciudad y como puedes, llegas a la Plaza de los Mártires para seguir al contingente de inconformes.
La espera para siquiera pensar salir del centro, implica que te tomes un café en el Huitzi y aproveches el caos de tránsito, para cruzarte y entrar a la Secundaria 1.
Vienes en búsqueda de alguna alumna de apellido González, hija de Gustavo González Dávila, inscrita en este plantel entre 1950 y 1956, suponiendo que el Mister haya empezado a procrear descendientes a partir de los 18 años. Los grupos eran reducidos, dada la densidad poblacional en la época.
Te dicen que, efectivamente, los archivos de la escuela existen pero por razones de seguridad no pueden proporcionarte la información.
Armas otra historia acerca de lo útil que sería para tu familia encontrar a esos familiares perdidos y casi logras convencer a una de las secretarias que lo haga por un quinientón.
Estás muy cerca de la media hermana de Friedrik, mi querido August Dupin Región 4.
Al otro lado del mundo, alguien más trabaja en el asunto mientras que haces algunas llamadas a la embajada sueca en México, de la que sí obtienes respuesta en un periodo razonable.
"El Señor Gustavo González Dávila obtuvo un permiso de residencia el 22 de noviembre de 1962 y salió de ese país oficialmente el 17 de julio de 1964. Durante este periodo, dijo dedicarse a ser capitán de meseros en la industria restaurantera".
En la embajada mexicana en Suecia, dicen no tener ningún archivo. No esperabas menos.
***
Once again I'd like to thank you for the fantastic work you do.
I've contacted the Swedish authorities again and got a tip to contact Stockholm city's archive.
The only new info I got is that he claimed to be divorced 18 February 1958. Since he got residency in Sweden 1962, this must have been in Mexico!
Unfortunately I missed their phone hours and have sent an e-mail to them. I keep my fingers crossed that they have some more info!
The saga continues and this is very exciting!
Take care//F.
***
¡Eso es pinches todo, mi dilectísimo Sherlock!
Pese a que insistes con el tema de la Secundaria 1, la búsqueda parece tener otra dirección, aunque claro, encontrando a la media hermana de Friedrik, el resto es recta y de bajada.
En lo que resuelven el oficio en la escuela, vas manejando en la Mistery Machine por Avenida Morelos, cuando antes de llegar a Torres Bicentenario, una llamada telefónica hace que repentinamente te estaciones frente al Panteón General La Soledad.
La rueda de prensa a la que te diriges en un hotel de Paseo Tollocan se ha cancelado y luego entonces pasas a chismosear al cementerio más grande y antiguo de la ciudad a, eventualmente, encontrar la tumba de el Señior González.
Confirmado: hay un Gustavo González enterrado aquí, desde 1976.
Pero no puede ser el papá biológico de Fred, ya que una ficha escueta explica que ese Gustavo González murió a los 46 años de edad.
Casi abandonas el lugar pero te regresas a hacer otra búsqueda -algún González Dávila, señorita, porfavor…- rezas.
-Héctor González Dávila, fallecido en 1980, la ficha no dice su edad- indica la secretaria al tiempo que ajusta su suéter tejido.
Te cuesta una Coca Cola que uno de los empleados te busque un número que después de transforma en un punto específico del Panteón. Te motiva la idea, además, de que en la misma lápida haya inscritos más nombres que te den pistas.
Héctor González Dávila
1 de Marzo de 1936
10 de Diciembre de 1980
Dale Señor, el eterno descanso
y que luzca para él la luz perpetua.
Descanse en paz.
-Saca la calculadora- cavilas, rascándote la mollera.1 de Marzo de 1936
10 de Diciembre de 1980
Dale Señor, el eterno descanso
y que luzca para él la luz perpetua.
Descanse en paz.
Hay 14 años de diferencia entre Mr Gus y su hermano putativo, Mr Héctor. Nada descabellado, piensas, pues conoces familias donde hay hasta 20 años de distancia entre el primer y último hermano, además de las impresiciones ya sabidas que había en los registros civiles.
Pero...
Teresa Dávila de González
15 de octubre de 1914
15 de enero de 1999
Recuerdo de sus hijos
-Ya valió madres- musitas, después de leer la lápida completa y eructar la Coca.15 de octubre de 1914
15 de enero de 1999
Recuerdo de sus hijos
Las posibilidades se reducen muchísmo, de ser esta la obvia mamá de Mr Héctor. Y qué hueva marcarle a los cinco González Dávila que aparecen en la sección blanca del directorio telefónico.
***
Hello there,
I've got another small piece of information; a name came up, Maria Kristina Gonzalez Davila, born 4 December 1932.
I'm not sure who Maria Kristina Gonzalez Davila is, but it can be Gustavo's wife or sister!
There's also a note saying that Mr Gonzalez full name is. Gustavo Carlos Gonzalez Davila, but I'm not sure of the Carlos bit!
By the way, today (29 August) is my 50th birthday!
Take care andf have a good one//F.
Durante este periodo, Friedrik conoció Toluca por Google Maps, fantaseando con un pasado que no le pertenecía, leyó recetas de cocina mexicana, yutubeó música popular que iba del Mariachi al Norteño, pasando por la Banda Sinaloense. Nada le gustaba en realidad y no le llamaba la atención, salvo porque la última y vertiginosa avalancha de datos le indicaba que de algún modo, de ahí venía.
En el retazo de árbol genealógico armado hasta el momento, nunca sabría que era descendiente indirecto de Luis de Santa María Nanacacipactzin, último de los Tlatoanis mexicas impuestos por el Virreinato, quien fungió de 1563 a 1565 bajo mandato gachupín, como el último de los 31 gobernantes del glorioso imperio, para entonces ya colapsado.
1/32 de sangre pura matlazinca corriendo por sus venas, pese a la melena dorada, cortesía de Nanacacipactzin, exiliado a Atlatlahuca, Tenango del Valle, donde forjó una estirpe que se extendió hasta el valle toluqueño y poco a poco se fue diluyendo.
En lugar de encontrar un pedacito de identidad, Friedrik llegó a los 50 años de edad, confundido cual quinceañero.
Si bien era un hombre tímido, nunca casado, Friedrik tuvo un arranque de arrojo y fue a enfrentar a su madre. No para reprocharle nada en concreto, pero sí para exigir más que un simple nombre y una historia incompleta de cómo se dejó hacer un hijo al que nunca le explicó lo ocurrido sino hasta que sintió la muerte dando pasos en la azotea.
Tras algunas lágrimas, respirando hondo en cama y enferma, Doña Suvi cantó.
Adelaida y Carlos.
***
Antes que pudieras darle utilidad a los nombres, tu apreciable Güatson se puso las pilas e investigó que su tío Carlos nació el 27 de julio de 1925 y su tía Adelaida el 14 de septiembre de 1928. Ambos en Toluca, México.
Mister Carlos murió en Suecia, en 1986.
De Doña Adelaida todavía no sabemos nada.
"Todavía", me suena a tiempo pasado del pretérito del a ver anótale.
Adelaida cambió su nombre por Adele y contajo nupcias en Estocolmo. Con esto, el González Dávila chingó a su madre y quedó sustituido por Thóren.
Adele Thóren, madre de Lars Gustavo, Carlos Edward y Robert Elis, nacidos entre 1954 y 1964.
-Así que la huida fue en bandada- susurras.
***
Alfonso,
It's very strange. I've found Mrs Adelaida but I can't reach her by phone and I don't want to go to Stockholm and visit her home until I have to, I don't want to chock her, she is after all 85 years old!
About my three cousins in Sweden, I haven't found any of them but Robert is supposed to live in Sweden and Carlos in New York, USA.
Have a good one//F.
***
Esta historia continuará...
lunes, 31 de diciembre de 2012
¡Gracias! II
Si el año anterior lo hice, no veo porqué este no. Máxime de todo lo que se me quedó ceñido con cada uno de ustedes. Este también va a ser un post largo.
-Gracias por demostrarme ¡una vez más! que no todo está perdido, aun cuando ya todo está perdido. Conocerte es la prueba de al final, la vida es grata.
-Gracias a ti por regalarme uno de los momentos más emotivos en muchísimo tiempo. Por ponerle la piel de gallina a la inmortal Banda Funky cuando firmabas tu acta matrimonial, pero en especial por la carta que me hiciste llegar desgraciado, me conmovió hasta las lágrimas. Cada uno de esos kilómetros recorridos valieron la pena para llegar a uno de los días más importantes de tu vida. Un favor nada más: sin llorar, mano.
-Gracias por todas tus atenciones, arrancar el año a tu lado fue toda una experiencia, este cumpleaños tuvo un ingrediente muy especial a tu lado, gracias porque a pesar que te salía lo detective, pasamos momentos muy pero muy gratos. Checa tu bandeja de correo.
-Aunque en el momento no me pareció nada gracioso, gracias por tomarte la molestia de romperme chicharrones en la frente mientras me bajaba la briaga, gracias por el chaleco y las garañonas, manito. Aunque cero gracias por saludarme en el cine en el momento menos indicado, ¡imbécil!
-Gracias, por otro año cargado de metal, mi queridísimo Costal de Naranjitas, y por dejarme cantar El Pollito Destrozadito con tu banda de músicos de pocamonta. Carnales para siempre.
-A ti, gracias por la inigualable experiencia que vivimos en Roger Waters, por las no pocas pedotas que nos paramos este año y por dejarme educarte yendo a ver a Megadeth. Nunca, pero nunca olvides lo que se le viene denominando como El Objetivo.
-Muchisisisísimas gracias por repetir un año más como mi mejor amiga, aunque te pongas ligeramente malacopa en los restaurantes con canales a un costado. Te agradezco ayudarme a conseguir la chingadera esa que ya no sirvió para que dejara de ser Basura García. Ojalá que cada que veas la Catrina de barro, te acuerdes de cuánta buena onda te tengo. Y gracias por casi dejarme moquear tu hombro, escuchando cada uno de mis malviajes.
-Gracias, Caifán, por las netas en la playa y porque este año no te perdiste en Cancún. Nunca pases por alto lo un chingo que admiro tu forma de ver la vida.
-Gracias, mano… ¿qué digo "mano"? ¡HERMANO! por acordarte que los que más te queremos jamás nos iremos, aunque nos cambies por una vieja que de todos modos te iba a abandonar. No importa que me trances vendiéndome camionetas y ojalá sigamos tragando como enanos de El Hobbit. JA.
-A ti también, por supuesto, ya que sonrío cada que me acuerdo el atasque de arrachera, queso y vino que nos paramos en Ixtapan de la Sal. En todos estos años sin vernos, no perdiste la buenaonda. Más asados y más rapel, porfavor.
-A ti, mi foreveralone favorita, me quedo con esa tarde vallesana bebiendo cerveza, risa tras risa. Que todo te sepa a canción de Lila Downs y que puedas darte más ratos para rockear cual quinceañera.
-Gracias por hacer el trayecto hasta mi fiesta de cumpleaños, por las invitaciones que no pude responder y por la tarde de gula en la Ebró, escuchando boleros.
-Colega, carnal, gracias por las largas charlas sobre periodismo que sostuvimos cuando te visité en Morelia, por dejar que Fata no me comiera y por ubicarme respecto a que tengo una chamba privilegiada. Vámonos a Tlalpujahua.
-gr
al
ndu
jueves, 29 de noviembre de 2012
Fecha de Caducidad
¿Cuánta vigencia tienen las personas por las que hemos profesado algún afecto?, ¿en qué momento dejan de importar de a devis?
No
sé qué azares se han conjugado para que en estos días me haya
encontrado a personas que hace muchos ayeres, incluso décadas, figuraron
en mi terna de importancia.
De
todas tengo buenos recuerdos. Sí, hasta de las que momentáneamente me
hicieron infeliz. Pero no deja de quedárseme ceñida una sanguijuela
cuando pienso en qué momento fue que esos caminos se partieron en líneas
que no volvieron y seguramente no volverán a cruzarse más allá de un
saludo, una sonrisa y cinco minutos de plática basura.
Peor
aun. ¿Cuántas veces habremos dicho “nunca te olvidaré” y al cabo de
unos años no sepamos reconocer a alguien al doblar una esquina? Como si
no fuera suficiente sorpresa saber todo lo que han construido después de
que uno fue su presente, gracias al chisme de un tercero que vino a darnos un poco de su actualidad
"Y así, años y años, hasta que, finalmente,
te morirás un día, como toda la gente.
Y voces que aun no existen sollozaran tu nombre,
y cerraran tus ojos los hijos de otro hombre".
José Ángel Buesa
A continuación una elegía por aquellas personas a quienes creí querer y
por estúpido dejé de frecuentar. Y estúpidas aquellas que se
desaparecieron de mi vida sin previo aviso, cuando a pesar de las
diferencias no había razón.
Ahora que también pienso que ni la costumbre de tener a alguien a tiro
de piedra, deja de alejarlas por el simple hecho de que el viaje de cada
uno es diferente.
Una bienvenida anticipada para esas otras que tarde o temprano han de venir… aunque sea para irse.
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